miércoles, 16 de enero de 2013

TRASTORNOS GLOBALES A MEDIANO PLAZO por Immanuel Wallerstein

 Entorno con emisiones periódicas centra su información en el acontecer internacional. Contiene espacios noticiosos y de opinión, seleccionados de medios de prensa internacional o generados desde nuestro país.  ISSN 1819-4052 
Año 11 Número 4 | Fecha 2013-01-14
TITULARES
Opinión
¿QUÉ ES LA CRISIS ECOLÓGICA? por Florent Marcellesi
LA RESERVA FEDERAL Y LAS GUERRAS por Manuel E. Yepe
COMPAÑÍAS PRIVADAS INCITAN A UNA GUERRA FRÍA CIBERNÉTICA 
TRASTORNOS GLOBALES A MEDIANO PLAZO por Immanuel Wallerstein
Opinión
¿QUÉ ES LA CRISIS ECOLÓGICA?
por Florent Marcellesi
La ecología política basa su teoría y praxis en la reflexión y acción en la lucha contra la llamada “crisis ecológica” y en la propuesta de nuevos modelos de producción y consumo compatibles con los límites ecológicos del Planeta y la justicia y ética socio-ambiental. Pero ¿qué llamamos exactamente crisis ecológica? ¿En qué fenómenos concretos se manifiesta y qué relaciones guarda con el sistema socio-económico actual?

La crisis ecológica es principalmente una crisis de escasez: escasez de materias primas, de energía, de tierras y de espacio ambiental para mantener el ritmo de la economía actual, y aún menos extenderlo a todos los países del Sur y dejarlo en herencia a las generaciones futuras. El modo de producción y de consumo impulsado por el Norte no tiene en cuenta los límites físicos del planeta, tal y como lo deja patente la huella ecológica: si todas las personas de este mundo consumieran como la ciudadanía española, necesitaríamos tres planetas. Mientras tanto, la humanidad ya supera en un 50% su capacidad de regenerar los recursos naturales que utilizamos y asimilar los residuos que desechamos (WWF, 2012). Por su parte, el alcance de la dominación humana y de la amplitud de la crisis ambiental que provoca, queda claro por lo menos a través de los seis fenómenos siguientes (Vitousek y sus colaboradores (en Riechmann, 2008)):

Entre la mitad y una tercera parte de la superficie terrestre ha sido ya transformada por la acción humana.
  • La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se ha incrementado más de un 30% desde el comienzo de la revolución industrial.
  • La acción humana fija más nitrógeno atmosférico que la combinación de las fuentes terrestres naturales.
  • La humanidad utiliza más de la mitad de toda el agua dulce accesible en la superficie del planeta.
  • Aproximadamente una cuarta parte de las especies de aves del planeta han sido extinguida por la acción humana.
  • Las dos terceras partes de las principales pesquerías marinas se hallan sobreexplotadas o agotadas.

En este contexto, según Lipietz (2012), incluso podemos hablar hoy de una “segunda” crisis ecológica mundial, después de una primera que se sitúa durante la Gran Peste del siglo XIV. Al igual que la Gran Peste, la crisis ecológica actual tiene como origen un conflicto entre la Humanidad y la Naturaleza, a través de la relativa escasez de producción alimentaria y los peligros de su propio sistema energético para la población humana. Además, se transmite por los canales de la globalización económica y golpea civilizaciones muy diferentes aunque lo suficientemente parecidas como para poder producir y padecer efectos semejantes. Sin embargo, según el teórico francés, la crisis ecológica actual se diferencia profundamente de la crisis “exógena” de la Gran Peste (un microbio desconocido y devastador que ataca a sociedades debilitadas por un cambio climático de origen no antropogénico y la baja productividad agrícola) por ser el resultado de la dinámica social e histórica del propio modelo de desarrollo: el propio liberal-productivismo ha generado la tensión actual entre Humanidad y Naturaleza. De tal forma que la “segunda” crisis ecológica, esta vez “endógena”, se podría resumir de la forma siguiente:

[Es] la conjunción de dos nudos de crisis ecológicas, internas a la dinámica del modelo liberal-productivista: el “triángulo de las crisis energéticas” y el “cuadrado de los conflictos para el uso del suelo”, ellos mismos articulados sobre la crisis financiera, económica y social del modelo capitalista neoliberal que triunfa a nivel mundial desde principios de los años 1980. Este modelo liberal pesa mucho sobre la evolución de los dos nudos de las crisis ecológicas: incluso podemos decir que las engendra (Lipietz, 2012).

A continuación, estudiaremos más en profundidad estos dos nudos centrales de la crisis ecológica para entender mejor los retos a los que se enfrenta la Humanidad si quiere elegir la vía de la esperanza.

El triángulo de las crisis energéticas

Los principales riesgos relacionados a la crisis energética se centran en torno a tres vértices: energía fósil (carbón, petróleo, gas), energía nuclear y energía proveniente de la biomasa (leña, agrocombustibles).

Como primer vértice del triángulo, encontramos los riesgos vinculados a las energías fósiles, que a su vez se dividen en dos vertientes: la capacidad de regeneración de estas energías (no renovables a escala humana) y la capacidad de asimilación de los residuos vinculados a su utilización. Asimismo, la humanidad se enfrenta al techo de los combustibles fósiles, que corresponde al punto de inflexión a partir del cual la extracción de una unidad de energía fósil por unidad de tiempo ya no puede incrementarse, por grande que sea la demanda. Coincide con el momento en que la extracción acumulada llega a la mitad de la cantidad total recuperable, y los esfuerzos humanos, técnicos y financieros pueden disminuir la tasa de declive, pero no invertir la tendencia a la baja de la extracción. Al mismo tiempo, la creciente incapacidad de ofertar más energía fósil se topa con una demanda en constante aumento, principalmente en los países llamados emergentes como China o la India, y con la especulación (Bermejo, 2008), lo que dispara el precio de la energía (y de otras materias primas). En concreto, esta tensión entre oferta (que depende de factores ecológicos y económicos) y demanda (que depende del modo de vida) al alza es paradgimática y altamente peligrosa para el modelo social y productivo actual. Esto es especialmente cierto en el caso del petróleo, puesto que la globalización económica se basa en un petróleo barato, abundante y de buena calidad. 

El despliegue del modelo de producción y consumo de masa y sus instituciones asociadas necesitan energía fósil al igual que el cuerpo humano necesita sangre. Por ejemplo: el complejo agroindustrial, basado en la maquinaria motorizada, la producción y consumo de abonos y fertilizantes, altos niveles de bombeo de agua, la manipulación industrial, la explotación intensiva de los suelos, la comercialización globalizada y el transporte de larga distancia hacia el lugar de consumo, nos da una buena idea de esta dependencia. Sin embargo al haber alcanzado el techo del petróleo (peak oil en inglés), esta era ha terminado: estamos entrando en la era del petróleo caro, escaso y de mala calidad. Esta nueva situación tiene repercusiones directas sobre el conjunto de la economía y sobre nuestros modelos de vida diarios. De hecho, la crisis financiera de 2008, que hoy ha desencadenado una ola de recesiones y planes de ajuste brutales, pone de relieve una relación directa entre crisis ecológicas y económicas. En este sentido, el economista estadounidense Jeremy Rifkin recuerda que la crisis de las subprimes, es decir el impago de las hipotecas en Estados Unidos que luego se propagó a nivel mundial a través de los activos tóxicos, comenzó cuando el barril de petróleo en el verano 2008 alcanzó los 150 dólares y no en octubre cuando estalló la burbuja a la luz pública. Ese aumento de los precios hizo que subiera el precio de la gasolina y que en Estados Unidos mucha gente, principalmente las más empobrecidas e insolventes cuyo presupuesto familiar tiene dos partidas básicas en torno a la vivienda y al transporte, dejara de pagar la hipoteca (las subprimes) para mantener la tenencia de su coche privado (imprescindible en un sistema basado en su uso intensivo, por ejemplo para ir al trabajo y a su vez generar las rentas necesarias para sobrevivir).

Por otro lado, apuntemos que para superar el techo de producción de los combustibles fósiles, existe una nueva frontera extractiva: la extracción del gas de pizarra a través del método llamado fracking o fracturación hidraúlica. Si bien el fracking ha permitido bajar el precio a corto y medio plazo del gas, es un nuevo espejismo altamente peligroso para el medio ambiente, el clima y la salud humana y que no afronta el mayor reto de la civilización industrial: rebajar el consumo energético dentro de los límites ecológicos del Planeta (para un análisis detallado del fracking, véase Marcellesi y Urresti, 2012).

En cuanto a los efectos del modelo energético sobre el cambio climático, hoy principal preocupación ambiental en las agendas políticas, existen claras evidencias de que crisis energética y crisis climática no son más que dos caras de la misma moneda. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (GIECC), “la principal causa del crecimiento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera desde la época preindustrial es el uso de combustibles fósiles” (2007, p2), que hoy se estima en torno a 75% (el resto se debe a la deforestación y al cambio de uso de suelos). A pesar de mejoras tecnológicas por unidad producida, el crecimiento demográfico y el actual modelo socioeconómico (basado en la acumulación material) provocan una presión insostenible sobre los ecosistemas. En este contexto, las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero sobrepasan la capacidad de autorregulación y asimilación por parte de los sumideros naturales (océanos, atmósfera), lo que está conduciendo a una situación peligrosa de no retorno. Para evitar tal caso que llevaría a sufrir cambios irreversibles e impredecibles, el GIECC recomienda que no haya aumento de más de 2 grados centígrados en 2100 en comparación con los niveles preindustriales, mientras que la muy institucional Agencia Internacional de la Energía pone 2017 como fecha límite para acotar el incremento de temperaturas. En caso contrario, ya sea el IPCC (2007) o el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2007) advierten de las mismas consecuencias ambientales y sociales. El cambio climático supondrá —y de hecho, ya supone— efectos en la agricultura y silvicultura (cambio de rendimientos según zonas frías o cálidas, aumento de plagas e insectos, etc.), en los recursos hídricos (extensión de las zonas afectadas por la sequía, empeoramiento de la calidad del agua, etc.), en la salud humana (tales como la mortalidad relacionada con el calor en Europa, aumento de enfermedades infecciosas, etc) o en la industria, asentamientos humanos y sociedad (disminución de la la calidad de vida de las personas en áreas cálidas sin vivienda apropiada) así como una mayor exposición a inundaciones costeras, unas condiciones climáticas extremas y un posible colapso de los ecosistemas.

Como segundo vértice del triángulo, encontramos la energía nuclear que tras la catástrofe de Fukushima —decenas de miles de personas evacuadas fuera del perímetro de seguridad, contaminación radiactiva hasta en Tokio, escándalos políticos y técnicos en torno a la gestión y a la seguridad de las centrales nucleares japonesas y del accidente post-tsunami, etc.— vuelve a apuntar sus altas deficiencias y riesgos para representar cualquier tipo de solución al cambio climático. Resumiendo los principales problemas (Marcellesi, 2011a): El riesgo de accidente, en este caso de probabilidad baja pero de magnitud alta, es más que nunca presente y real.

Seguimos sin tener ninguna solución real a la gestión de los residuos radiactivos.

  • La energía nuclear crea una fuerte dependencia con el exterior ya que el uranio, cuyas reservas son finitas, se compra a países fuera de Europa y cuya inestabilidad política no asegura un suministro seguro (el Chad, por ejemplo).
  • Existe un riesgo de proliferación de la energía nuclear para fines militares (reforzado por la amenaza de uso terrorista de los residuos o de las centrales nucleares como posibles dianas de ataque).
  • No es una alternativa para evitar sustancialmente emisiones de gases de efecto invernadero: si se tiene en cuenta el ciclo de vida global de la energía nuclear (extracción del uranio, suministro a Europa, construcción y desmantelamiento de las centrales, gestión de los residuos…), ésta produce más CO2 que las energías renovables.
  • Es una fuente de electricidad, por tanto no sustituye nuestra dependencia de los combustibles fósiles.
  • Los puestos de trabajo por unidades energéticas están por debajo de las creadas por las energías renovables. 
El último vértice del triángulo lo ocupa la biomasa, cuyo uso energético es el más antiguo desde que el Homo Erectus domesticara el fuego, el más constante para una gran mayoría de la humanidad (la leña sigue siendo el principal combustible utilizado) y, seguramente, uno de los más prometedores de cara al futuro. Pero la biomasa también tiene riesgos asociados que analizaremos en el siguiente subapartado, puesto que se articula directamente con el uso de las tierras, principalmente con el auge de los agrocombustibles.

El cuadrado del conflicto del uso de las tierras

Los anglosajones suelen decir que hacemos cuatro usos principales de la tierra, que pueden resultar excluyentes: Food, Feed, Forest, Fuel (las 4 Fs). Dicho en castellano, estamos hablando respectivamente de usos para 1. la alimentación humana, 2. la alimentación del ganado (natural —campos de pasto— o artificial —soja que se combina con maíz para las vacas europeas—), 3. los bosques (como sumidero o reserva de biosfera) y 4. la producción de biomasa (agrocombustibles, leña, etc.).

En este marco de análisis, intervienen dos factores cruciales: la dieta crecientemente carnívora de los países del Norte y emergentes, y la introducción cada vez más sistémica de agrocombustibles. Como lo relata Lipietz (2012), la polarización de los ingresos a nivel mundial provoca una transformación de la dieta humana que pasa de una dieta a base de proteínas vegetales con un poquito de carne (“el menú hindú o el menú chino”), a una dieta a base de carne (el “menú europeo o norte americano”). Sin embargo, las proteínas animales (feed) necesitan para su producción de 7 a 15 veces más hectáreas que las proteínas vegetales (food). Por tanto, esto representa un problema grave dado el aumento constante de la población con dieta carnívora (por ejemplo, en India y China el 10% de la población se alimenta con el mismo tipo de comida que en Europa y en Norte América). Por su parte, los agrocombustibles (fuel), que técnicamente son energías renovables obtenidas a partir de la biomasa, son la respuesta oficial a la crisis de los combustibles fósiles y del techo del petróleo. De hecho, en sociedades no dispuestas a "negociar su modo de vida", los agrocombustibles despiertan un gran interés y cuentan con un fuerte impulso político, lo cual, junto a otros factores, provoca tensiones en los precios de la comida en el mercado mundial. En este contexto, Jean Ziegler, el relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, llegó a postular en 2007 que la producción masiva de biocombustibles «es un crimen contra la humanidad».

Si bien los agrocombustibles juegan un papel central en las crisis alimentarias actuales, hay que añadir también otros factores sociales y ecológicos: la escalada de precios de la energía, las malas cosechas en los países productores de trigo como Australia, Rusia o Ucrania debidas al cambio climático, los modelos productivos globalizados que apuestan por economías de la exportación en detrimento de la soberanía alimentaria y que denigran la producción autóctona para abastecer a los mercados locales provocando dependencia de los mercados exteriores sobre todo para la importación de productos básicos, el mal reparto de la producción agrícola local o importada, así como movimientos especulativos a nivel mundial. Al igual que los fuertes cambios de régimen político en Europa en 1848 tienen como origen revueltas de la hambruna, Lagi et al (2011) muestran que existe una fuerte correlación entre el alza de los precios de los alimentos —debido a la combinación de los factores arriba mencionados— y las revueltas del hambre de estos últimos años en el mundo que, recordemos, han dado fin en pocos meses a gobiernos autoritarios —como los de Túnez y Egipto— que nadie veía posible derrocar.

En conclusión de este apartado, es interesante —y sobre todo preocupante— constatar que, además de lo que teorizaba gran parte del movimiento ecologista en sus inicios, esta crisis ecológica no solo compromete de manera decisiva a las generaciones futuras sino que nos afecta ahora directamente a las generaciones presentes. No solo se trata de una crisis de abundancia de una generación privilegiada (“pan para hoy, hambre para mañana”), sino también de una crisis de escasez que ya se está manifestando en el día a día de gran parte de la población mundial (el hambre ya es para hoy). Asimismo, pone de relieve que las llamadas crisis financieras, especulativas o alimentarias están vinculada a crisis subyacentes e interdependientes: no solo la de la economía real (o economía productiva) sino también la de la “economía real-real”, es decir la de los flujos de materias y energía que depende por una parte de factores económicos y por otra parte de los límites ecológicos del planeta.
Fuente: Econoticias
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LA RESERVA FEDERAL Y LAS GUERRAS
por Manuel E. Yepe
El hecho de que una élite invisible controle el Gobierno de Estados Unidos ha sido atestiguado desde los años 30 del pasado siglo por muchas personalidades en condiciones de hacerlo, altos dirigentes del gobierno nominal incluidos.

El Presidente Franklin D. Roosevelt señaló en carta que escribió a un asistente suyo el 21 de noviembre de 1933 que “la verdad del asunto es, como usted y yo sabemos, que el elemento financiero ha poseído al gobierno desde los tiempos de Andrew Jackson”. No en balde se ha dicho que todo lo que se necesita para controlar efectivamente un gobierno es tener control sobre el dinero de la nación: un banco central con un monopolio de la oferta de dinero y crédito.

El profesor de la Universidad de Georgetown Carroll Quigley, quien ejerció fuerte influencia sobre el expresidente William Clinton cuando estudió en ese centro de alta docencia, consideraba que el objetivo de los banqueros de inversión que controlan los bancos centrales es "...crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo en su conjunto..."

Thomas Jefferson escribió: "el Banco Central es la institución más mortalmente hostil a los principios y a nuestra Constitución... Si el pueblo estadounidense permite a los bancos privados controlar la emisión de su moneda, primero por la inflación y luego por la deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán alrededor de ellos privarán al pueblo de todos sus bienes hasta que sus hijos despierten sin techo en el continente que conquistaron sus padres”.

Estados Unidos vivió sin un banco central hasta principios del siglo XX, cuando, según el congresista Charles Lindbergh, Sr., "la desconfianza por la seguridad del dinero provocó el pánico de 1907 y obligó al Congreso a crear una Comisión monetaria nacional encabezada por el Senador Nelson Aldrich, suegro de John D. Rockefeller, Jr., que recomendó la creación de un banco central.

Pese a que la Constitución de Estados Unidos señala que sólo el Congreso debe tener la facultad de acuñar moneda y regular su valor, en diciembre de 1913 fue aprobada el Acta de la Reserva Federal, institución constituida como propiedad privada de los bancos miembros, que hace sus propias políticas y no está sujeta a supervisión por el Congreso o el Presidente.

Aunque su papel fundamental es el de estabilizar la economía y evitar situaciones de pánico en el terreno financiero, la gran depresión y numerosas recesiones posteriores evidenciaron bien pronto que la Reserva Federal (generalmente conocida como Fed) produce inflación y acrece la deuda federal cuando así lo desea, pero no aporta estabilidad.

El congresista Louis Mc Fadden, Presidente del Comité de la banca y la moneda entre 1920 y 1931, advirtió entonces que "cuando se aprobó la ley de la Reserva Federal, el pueblo de los Estados Unidos no percibió que se estaba estableciendo aquí un sistema de banca mundial. Un superestado controlado por banqueros internacionales e industriales... actuando conjuntamente para esclavizar al mundo... La Fed se esfuerza por ocultar sus poderes pero la verdad es que la Fed ha usurpado el Gobierno."

Como supervisor y proveedor de las reservas, la Fed da a los bancos acceso a fondos públicos, con lo que éstos aumentan su capacidad de préstamo.

Una de las facultades más importantes de la Fed deriva de su derecho a comprar y vender valores del Gobierno y proporcionar préstamos a los bancos miembros, por lo que también puede comprarlos. Esto le proporciona un mecanismo de préstamos que incrementa la deuda pública para beneficio de los bancos.

Como método para asegurar el pago de la deuda, se resolvió hacerlo mediante impuestos a la población. El “income tax” trasladó la deuda a toda la población pero tenía el defecto de incluir entre los afectados a los más ricos, motivo por el cual hubo que legislar de forma tal que quedara una puerta abierta para la evasión de los más ricos y a ese fin surgió, entre otros, el sistema de las fundaciones exentas de impuestos.

Teniendo a su disposición los medios para prestar enormes sumas al gobierno (la Reserva Federal), el método para cobrar la deuda (los impuestos) y un mecanismo para que los más ricos puedan evadir tales impuestos (las fundaciones), todo lo que viene faltando es la excusa para que el gobierno pida nuevos préstamos. Y esa excusa la proporcionan las guerras.
Fuente: Argenpress
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COMPAÑÍAS PRIVADAS INCITAN A UNA GUERRA FRÍA CIBERNÉTICA
Al menos 12 de las 15 mayores potencias militares del mundo construyen actualmente programas de ciberguerra, según James Lewis, un experto en seguridad cibernética para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Ya está en marcha una Guerra Fría cibernética. Pero algunas compañías de seguridad creen que la batalla se volverá mucho más intensa este año.

“Las naciones y los ejércitos militares serán actores y víctimas más frecuentes de las amenazas cibernéticas”, escribió un equipo de investigadores en los laboratorios de McAfee, un subsidiario de Intel.

Michael Sutton, el director de investigación de seguridad en la compañía de seguridad en la nube Zscaler, dice que él espera que los gobiernos se dediquen intensamente a mejorar sus arsenales cibernéticos. Algunos incluso podrían externalizar los ataques a piratas informáticos en línea.

El gobierno de Obama y muchos en el congreso han sido más insistentes sobre como una “nación enemiga” o una “célula terrorista” podría afectar la infraestructura crítica del país con un ataque cibernético. Los bancos, bolsas de valores, plantas de energía nuclear y los sistemas de purificación de agua son particularmente vulnerables, según numerosas evaluaciones que fueron entregadas al Congreso el año pasado.

Pero después de que fue detenida en el Congreso la legislación dirigida hacia la prevención de ataques cibernéticos el año pasado, algunos expertos creen que este año podría ser el año en el cual los ataques cibernéticos se vuelvan fatales.

“En el 2013, los atacantes contra el país se concentrarán en las redes de infraestructuras críticas como las redes eléctricas a escalas nunca antes vistas”, predijo Chiranjeev Bordoloi, el director ejecutivo de la compañía de seguridad Top Patch. “Estos tipos de ataques podrían crecer más sofisticadamente y este tipo de peligro podría llevar a la pérdida de vidas humanas”.

La firma de seguridad IID también predijo que los ataques cibernéticos llevarían a la pérdida de vidas este año.

Verizon (VZ, Fortune 500), la cual dirige un extenso negocio de seguridad cibernética, está del lado de los escépticos.

“Muchos expertos en seguridad están usando las anécdotas y opiniones para hacer sus predicciones, mientras que los investigadores de Verizon están aplicando evidencia empírica”, dijo Wade Baker, jefe de la división de seguridad de Verizon. “Primero que nada, nosotros no creemos que habrá una guerra cibernética, aunque sí es posible”.

Los Estados Unidos ya les han dado aviso a los posibles atacantes. El secretario de la defensa Leon Panetta dijo recientemente que los Estados Unidos se reserva el derecho de usar la fuerza militar contra una nación que lance un ataque cibernético contra el país.

Aunque los piratas informáticos no sean capaces de asesinar con un ataque cibernético, no hay duda de que se han vuelto mucho más destructivos.

El ataque en agosto a la compañía de petróleo Saudi Aramco, por ejemplo, colapsó 30.000 computadoras. Un mes después, una serie de ataques colapsaron las páginas web de algunos de los bancos principales en Estados Unidos. Este fue el ataque más grande de “negación de servicio” registrado, por un margen significativo.

Esos tipos de ataques crecerán de manera “exponencial” en el 2013, predice McAfee.

“Recientemente, hemos visto varios ataques en los cuales el único objetivo era causar tanto daño como fuera posible; creemos que esta conducta maliciosa crecerá en el 2013″, escribieron los investigadores de McAfee. “El hecho preocupante es que esas empresas parecen ser bastante vulnerables a este tipo de ataques”.

Pero pueden haber algunas noticias buenas en el tema de la seguridad cibernética. El grupo de piratas informáticos, Anonymous, está empezando a perder fuerza.

Los ataques del grupo colectivo sin líder ha ganado menos atención últimamente, y muchas de las operaciones propuestas han fracasado. Eso es porque las empresas están reforzando sus defensas contra el arma principal de Anonymous, el ataque de negación de servicio.

“El nivel de sofisticación técnica de Anonymous se ha estancado y sus tácticas ahora son mejor entendidas por sus potenciales víctimas”, dijo McAfee en un informe reciente. “Mientras que los ataques de los ‘hacktivistas’ no acabarán en el 2013, se espera que disminuyan en número. Los simpatizantes de Anonymous están sufriendo”.
Fuente: Cubadebate
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TRASTORNOS GLOBALES A MEDIANO PLAZO
por Immanuel Wallerstein
Hacer predicciones en el corto plazo (para uno o dos años) es un juego tonto. Hay demasiados vuelcos y giros en el mundo real político/económico/cultural. Pero podemos intentar hacer afirmaciones plausibles para el mediano plazo (una década o más) basados en un marco teórico trabajable, combinado con un sólido análisis pragmático de tendencias y limitaciones.

¿Qué es lo que sabemos del sistema-mundo en el que estamos viviendo? Primero que nada, que se trata de una economía-mundo capitalista, cuyo principio básico es la incesante acumulación de capital. Segundo, que es un sistema histórico que, como todos los sistemas (desde el universo como un todo hasta los más mínimos sistemas nanoscópicos), tiene vida. Surge a la existencia, vive su vida “normal”, de acuerdo con reglas y estructuras que crea, y luego, en cierto punto, el sistema se aparta demasiado del equilibrio y entra en una crisis estructural. Tercero, que nuestro actual sistema-mundo ha sido un sistema polarizante, en el que existe una brecha que crece constante entre los Estados y al interior de los mismos.

Ahora estamos en una crisis estructural así, y hemos estado en ella por unos 40 años. Continuaremos en esta crisis por otros 20 a 40 años. Este es el promedio de tiempo que dura una crisis estructural en un sistema histórico social. Lo que ocurre en una crisis estructural es que el sistema se bifurca, lo que esencialmente significa que emergen dos modos alternos para finalizar la crisis estructural cuando colectivamente se “elige” una de las alternativas.

La principal característica de una crisis estructural es una serie de fluctuaciones caóticas fortísimas de todo -los mercados, las alianzas geopolíticas, la estabilidad de las fronteras estatales, el empleo, las deudas, los impuestos. La incertidumbre, en el corto plazo, se vuelve crónica. Y la incertidumbre tiende a congelar la toma de decisiones económicas lo que, por supuesto, empeora la situación.

He aquí algunas de las cosas que podemos esperar en el mediano plazo. Casi todos los Estados enfrentan, y seguirán enfrentando, un apretón entre la reducción del ingreso y el incremento de los gastos. Lo que casi todos los Estados están haciendo es reducir los gastos en dos maneras. Una ha sido recortar (o incluso eliminar) muchísimas de las redes de seguridad que se han construido en el pasado para ayudar a la gente ordinaria a lidiar con las múltiples contingencias que enfrenta. Pero hay un segundo modo también. Casi todos los Estados están recortando las transferencias de dinero a las entidades estatales subordinadas -las estructuras federativas, si el Estado es una federación, y los gobiernos locales. Lo que esto hace es simplemente transferir la necesidad de incrementar impuestos a estas unidades subordinadas. Si hallan esto imposible pueden ir a la bancarrota, lo que elimina otras partes de las redes de seguridad (notablemente las pensiones).

Esto tiene un impacto inmediato en los Estados. Por un lado, los debilita, conforme más y más unidades buscan escindirse si lo consideran ventajoso económicamente. Pero por otro lado, los Estados son más importantes que nunca, conforme las poblaciones buscan refugio en las políticas proteccionistas (mantener nuestros empleos, no los suyos). Las fronteras estatales siempre han cambiado. Pero hay la perspectiva de que cambien con mucha mayor frecuencia ahora. Al mismo tiempo, las nuevas estructuras que vinculan los Estados existentes (o sus subunidades) -tales como la Unión Europea (UE) y la nueva estructura sudamericana (Unasur)- continuarán floreciendo y jugando un papel geopolítico creciente.

Los malabares entre los múltiples sitios del poder geopolítico se tornan mucho más inestables que nunca en una situación en que ninguno de estos sitios estará en posición de dictar reglas interestatales. Estados Unidos fue alguna vez un poder hegemónico con pies de barro, pero que sigue siendo lo suficiente poderoso como para provocar daños por torpeza. China parece tener la posición económica emergente más fuerte, pero es menos fuerte que lo que ella misma o los otros piensan. El grado al que se acerquen Europa occidental y Rusia sigue siendo una pregunta abierta, y sigue estando en la agenda en ambos lados. El modo en que India juegue sus cartas sigue siendo algo que en gran medida no ha decidido India. Lo que esto signifique para las guerras civiles como la de Siria, hasta ahora tiene que ver con cómo quienes intervengan desde fuera se cancelen mutuamente y los conflictos internos se organicen más que nunca en torno a grupos de identidad fratricidas.

Reiteraré mi postura largamente argüida. Al final de la década veremos algunas realineaciones importantes. Una es la creación de una estructura confederada que vincule a Japón a una China (reunificada) y a una Corea (re-unida). La segunda es una alianza geopolítica entre esta estructura confederada y Estados Unidos. Una tercera es una alianza de facto entre la Unión Europea y Rusia. Una cuarta es la proliferación nuclear a una escala significativa. Una quinta es un proteccionismo generalizado. La sexta es una deflación mundial generalizada, que puede tomar dos formas -sea una reducción nominal de los precios o inflaciones rampantes que tienen la misma consecuencia.

Obviamente, éstos no son resultados felices para casi nadie. El desempleo mundial aumentará, no va a caer. Y la gente ordinaria sentirá los pinchazos de forma muy severa. La gente ya ha mostrado que está lista para responder luchando de múltiples formas, y esta resistencia popular crecerá. Nos encontraremos en medio de una vasta batalla política para determinar el futuro del mundo.

Aquellos que tienen riqueza y privilegios hoy no se sentarán sin hacer nada. Será más y más claro para ellos que no pueden asegurar su futuro a través del sistema capitalista existente. Buscarán implementar un sistema que no se base en un papel central del mercado, sino en una combinación de fuerza bruta y engaño. El objetivo clave es asegurar que el nuevo sistema garantice la continuación de tres rasgos clave para el actual sistema -jerarquía, explotación y polarización.

Por otra parte, habrá fuerzas populares por todo el mundo que buscarán crear una nueva clase de sistema histórico, uno que todavía no ha existido, uno basado en una democracia relativa y una relativa igualdad. Es casi imposible de prever lo que significará esto en términos de las instituciones que el mundo podría crear. Aprenderemos en la construcción de este sistema en las décadas venideras.

¿Quién ganará esta batalla? Nadie lo puede predecir. Será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas emprendidas por una infinidad de nanoactores en una infinidad de nanomomentos. Y en algún punto la tensión entre las dos soluciones alternativas se inclinará definitivamente en favor de una o la otra. Esto es lo que nos brinda esperanza. Lo que cada uno de nosotros haga en cada momento acerca de cada uno de los puntos inmediatos cuenta. Alguna gente le llama a esto el “efecto mariposa”. El batir de las alas de una mariposa afecta el clima de uno al otro extremo del mundo. En ese sentido, hoy todos somos pequeñas mariposas.
Fuente: Rebelión
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