Pozo a pozo por la Patagonia y Bolivia

Por
Marc Gavaldà.- El 8 de junio de 2004 nació mi hija Aymara. Tanto esas primeras tiernas semanas de paternidad novata, como los meses anteriores y posteriores al nacimiento me planteé seriamente el porqué de traer una nueva vida al planeta. ¿Qué planeta? Esa pelota mineral cubierta de una delgada capa de seres vivos y envuelta en una atmósfera en degradación . Miles de millones de ciudadanos urbanos circulando en autos por superficies cubiertas de asfalto, tierra estéril que nunca más producirá comida ni oxígeno. Millones de toneladas de dióxido de carbono arrojadas diariamente al cielo, acompañadas de metales pesados, óxidos nitrosos y compuestos cancerígenos. Un planeta, en definitiva, absorbido por una lógica letal del mercado, dependiente en extremo al consumo infinito de combustibles fósiles.
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