Es muy complejo escribir sobre democracia
hoy, justamente hoy desde esta Córdoba que arde.
Porque sigue ardiendo aunque todo parece
estar más calmo (o más a salvo luego de la
vía libre para “cazar” delincuentes). Los pequeños fuegos siguen
ardiendo: de bronca, de ganas de ser, de hartazgo de tantos arrebatos, desde
siempre. Y después cuando la bronca sale, much@s caen en el juego tan bien
armado y piden más policía. Y palos.
Palos para los pobres, para que aprendan a ser pobres sin quejarse, total están acostumbrados.
Es correcto reclamar paz y tranquilidad.
Así deberíamos convivir en un mundo donde quepamos todos. Pero cómo se nos
ocurre la idea posible de convivir en paz si
hay saqueos silenciosos, tremendos, devastadores, saqueos de traje y
corbata, saqueos institucionales e institucionalizados.
Saqueos desde el poder: político,
económico, narco. Nos saquean los bienes naturales, los montes, el agua, el
aire, la tierra, el mar. Nos saquean los recursos materiales con tantos actos
corruptos y cuentas abultadas de políticos y poderosos.
Nos saquean la esperanza y la dignidad.
Y
piden, exigen. Represión de las protestas.
Y los poderosos aprovechan y juegan el
juego que mejor saben y condenan la protesta, criminalizan la pobreza. Instalan
en bocas de much@s el reclamo de más
seguridad.
El resultado de este juego perverso es el
caótico todos contra todos. O mejor dicho, todos contra los pobres, los negritos de mierda que salen a robar.
¿Cómo creen que se sienten los pibes y
pibas que salen a pasear por la ciudad y la policía los para por su cara, por
su ropa, por su barrio?. Los ningunean. La piel de gallina se me pone.
¿Algunas vez pensaron cómo sería si l@s
perseguid@s por portación de rostro fueran sus hij@s, sobrin@s, herman@s? . Eso va
calando heridas profundas, diferencias irreconciliables. Y dolorosas. Pero bueno, los
pobres están acostumbrados.
La democracia real debería ayudarnos a
pensar profundamente en las causas de lo que nos sucede, a no elegir
simplemente al tip@ que logró entrar a un partido y ocupar mas cámaras y hacer
el versito convincente de turno. La
democracia se basa en que los gobernantes cumplan los mandatos del pueblo. O
sea: el pueblo manda en democracia (y el mandato no debería terminar en el
momento del voto).
Nací en 1975, meses antes de la genocida
dictadura militar. Tenía 8 años cuando vino
la democracia. De allá para acá no recuerdo haber sido testigo de
gobernantes honestos que cumplieran los mandatos populares sin subestimarnos,
sin hacer partidos de fútbol para ver quién mete más goles y toma la mejor
tajada. Siempre, por algún lado,
derrapan.
No obstante, el modelo, desde allá para
acá se profundizó. Hay más pobreza, más recursos en manos de pocos, menos
oportunidades para los que menos tienen, los que menos tenemos. Oportunidades
reales que nada tienen que ver con el asistencialismo inmovilizante e
infantilizante.
En
todos estos años, se ha creado la situación ideal de inestabilidad social para
exigir más polis que repriman a los que desde siempre viven esperando que una
promesa se cumpla. Una promesa digna: no de planes, de trabajo; no de asignaciones, de dignidad.
Lo que sí recuerdo es que much@s politic@s estuvieron durante la dictadura,
con Alfonsín, con Menem, con De la Rúa, que muchos fueron y siguen siendo
gobernadores de las provincias y siguen estando. Robando. Mintiendo. Saqueando.
También recuerdo a José Luis Cabezas,
Walter Bulacio, Maxi Costequi, Dario Santillan, Mariano Ferreyra, Carlos
Fuentealba, Jorge Julio López, las represiones a los Qom, los
desalojos de los campesinos con incendios, tiros, muertes y heridos. Las
mineras. Monsanto. Las muertes del barrio Ituzaingó. El acampe en Malvinas. L@s
niñ@s y mujeres desaparecidos, la trata de personas. Compañeros procesados por
protestar en Cuesta Blanca. Son solo algunos ejemplos.
Desde 1983 a 2013: más de 4000 personas fueron asesinadas a
causa de la represión estatal; Más de
3500 casos de gatillo fácil y muertes en cárceles y comisarías; 213
desaparecidos; 6000 compañeros criminalizados por luchar; 68 compañeros asesinados por luchar. Y piden, exigen. Represión ante
estas protestas. Víctimas
de la trata y a l@s pib@s pobres a l@s que el Paco (habilitado
y comerciado desde el poder) les consume y les saquea la vida.
Represión
en democracia. Esta es la democracia que conozco. De otra cosa no sé hablar. Pero sigo
soñando: que hay educación, oportunidades
y sueños para tod@s. Que nunca más vuelvan los militares (ni los
policías como fuerza clave para poner orden). Que nunca más la derecha juegue
con la izquierda para estar todos un poco al centro. Ni tan tan ni muy muy.
Todos más o menos conformes. Menos los pobres. Pero no importa, total están acostumbrados.
Pero también recuerdo que fueron y son much@s
las personas y organizaciones que pelean por un país mejor y, a veces, lo logran:
juicio y castigo a los genocidas militares, lucha contra Monsanto, defensa de
la tierra y pueblos originarios, contra el gatillo fácil y la represión
institucional, por la memoria y la verdad, contra la corrupción, contra la megaminería, recupero de fábricas y
empresas por parte de sus trabajadores, entre otras. Esas luchas son de la
gente. No pertenecen a ningún político. Son nuestras.
Esta es la democracia que
conozco.
Y mientras pasan los días, sueño que
aprendemos, sin copiar y con impronta
propia, de un lugar en el corazón de la selva lacandona, de un México saqueado
y narco militarizado si los hay, donde la democracia se hace día a día. Donde
la importancia dada a la educación se manifiesta en hechos: creación de al
menos una escuela zapatista por comunidad, contenidos y labores enfocados en la
reflexión y acción para la lucha por la dignidad. Alimentos sanos cosechados en su propio territorio para que
no sean transgénicos y no enfermen. Poder autónomo emanado de cada uno de los
actos cotidianos del trabajo colectivo en cada familia, en cada comunidad.
Donde MANDAN OBEDECIENDO al pueblo
sobre qué hacer con la tierra, sobre cómo ser mejores personas. Donde la gente se
mira a los ojos, no a las pantallas de los celulares o computadoras, donde la
gente habla entre herman@s, no con la televisión. Donde, parafraseando a
Galeano, los nadies que importaban menos
que las balas que los mataban, empezaron a caminar en la noche, a juntarse,
a organizarse, a respetarse. Y a vivir, y luchar, mientras muchos los creían muertos antes de
morir. Nadies. Nadas. No importan, total
están acostumbrados. Perdón,
estaban.
Por Carolina Sabino
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