Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Una Novela sobre los transgénicos y los agrotóxicos

El agua mata y el viento mece la soja: un relato de terror en tiempos de transgénicos
POR PATRICIA KOLESNICOV



Darse cuenta. Schweblin dice que parte de lo que comemos es “veneno”. Y eso le da terror.

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Desde hoy, un festival literario invade la ciudad

Algo anda mal en el dulce paisaje veraniego y desde muy temprano hay indicios. Como cuando el perro “ respira agitado y mueve la cola, le falta una pata trasera ”. Y, claro, cuando Amanda, que está de vacaciones con su hija Nina, abre la puerta de la casa y “ esto es el mismísimo terror, entrar a una casa que apenas conozco buscando a mi hija con tanto miedo que no puedo siquiera pronunciar su nombre ”. Algo anda pésimo. Así, con un miedo de nombre impreciso, se transita por Distancia de rescate, la breve novela (124 páginas) que acaba de publicar Samanta Schweblin, una escritora argentina destacada y premiada como cuentista, que hace dos años vive en Berlín y que está en Buenos Aires porque el viernes se presenta en el festival literario Filba, que empieza hoy. La novela se construye como un diálogo entre esa mujer, Amanda, y David, el hijo de su vecina en la casa que alquiló para veranear. Es un chico raro, ¿cuya alma una bruja hizo migrar para salvar la vida del cuerpo? Algo anda mal y tiene que ver con el perro cojo, con la brisa que mece soja como una amenaza, con el agua del riachuelo, que no es –¿o sí?– el Riachuelo sino un arroyito al que bajan a beber los caballos y después de eso se les hinchan los ojos, los labios, los agujeros de la nariz. La soja, la soja, la soja, el agua contaminada, los caballos hinchados, los chicos diabólicos.

Distancia de rescate –es la distancia en que una madre podrá todavía salvar a su hijo– se lee como un alerta sobre el medio ambiente y, claro, sobre lo que nos llevamos a la boca. Rozar el género de terror, transitar la ambivalencia de lo fantástico para hablar de esto tal vez sea su principal acierto.

–¿Por qué usar el terror para una historia ambientalista?

No sé si hubo una elección premeditada del género, más bien hubo una historia que necesitaba contar y a mitad de camino me di cuenta de que estaba acercándome al género del terror. La denuncia ambientalista también surgió en el camino, aunque era una inquietud –o es mejor decir “un miedo”–, que tengo presente hace bastante tiempo.

–¿Tuvo algo que ver vivir en Europa con darte cuenta de qué pasaba con el medio ambiente?

–Puede ser. Pero mi alarma se encendió por mi alimentación. Estar afuera me ayudó a ver lo mal que comía. Una cosa es ver que estas comiendo mucha grasa o no comés muchas verduras; muy diferente es darte cuenta de que estas comiendo veneno, que desde hace algunos años la mitad de los ingredientes de las galletitas, el jamón, los jugos, las pastas, la soja, es veneno de verdad, veneno que mata. Cuando entendés esto, cambiar tu alimentación no tiene nada que ver con hacer dieta, cuidar el medio ambiente o el maltrato animal. Es una necesidad mucho más vital. Y creo que el terror que me produjo este descubrimiento tuvo mucho que ver con este libro.

–En una novela en la que la naturaleza es peligrosa, el que sabe es un niño que ya fue afectado por ese peligro. Como si fuera un humano nuevo en un mundo nuevo. ¿Ya hay un mundo que los chicos conocen y los grandes no?

–Los chicos tienen una sabiduría vacía de muchos preconceptos que nosotros asumimos como la gran verdad. Pero además, el chico-narrador de esta historia tiene algo de los chicos que se vienen. Intento pensar cómo serán las nuevas generaciones que logren sobrevivir a una alimentación basada en los alimentos transgénicos y los agroquímicos. Que pasa con tu cuerpo y con tu cabeza si una parte tan importante de tu alimentación es veneno puro. ¿Puede la conciencia escapar a ese veneno y alertar al cuerpo de alguna manera?

–¿Hay una forma de producción más letal que las anteriores?

–Eso dependerá de qué tan rápido se tomen medidas. Ya hemos pasado por los PCBs, el DDT, las dioxinas, el agente naranja y tantas otras cosas. El problema con los agroquímicos y los transgénicos es peor no sólo por su envergadura sino por algo inédito y es que, si seguimos por este camino, en poco tiempo casi todo el alimento de la humanidad quedará en manos de una sola empresa. Cada vez que imagino lo que esto podría significar se me hiela la sangre.

–¿Qué fue lo importante a la hora de escribir esta historia?

–Varias cosas. Haber probado otros géneros fue algo importante para mí. También fue importante participar en una denuncia más concreta de las atrocidades que están ocurriendo hoy en el campo. No hay nada concreto en sí en el libro, todo está sugerido, pero ojalá colabore para encender algún tipo de alarma.

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