Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Estudiosos del litoral fundamentan por qué los vecinos no son extranjeros

Estudiosos del litoral fundamentan por qué los vecinos no son extranjeros

Severas reflexiones contra la “xenofobia creciente”

En un documento publicado hoy desde Paraná, manifestantes del litoral argentino repudiaron el proyecto gubernamental para expulsar del país a personas involucradas en delitos, y fundamentaron por qué los habitantes de este territorio, de México al sur, no son extranjeros en la Argentina. “¿Declararán extranjero al Himno? ¿Quitarán el sol inca de nuestra Bandera?”, se preguntaron.
Los estudiosos repudiaron “la discriminación negativa contra hermanos de Nuestra América” y negaron “la legitimidad de las deportaciones propuestas en un proyecto de ley”, en un escrito firmado por los miembros del centro de estudios Junta Abya Yala por los Pueblos Libres.
“Estamos en vísperas de un aniversario, este 4 de Noviembre, de la revolución encabezada por Túpac Amaru, a quien el poder político y financiero de la Argentina actual llamaría ‘extranjero’”, señalaron los estudiantes, docentes, investigadores de varias disciplinas, periodistas, cooperativistas y otros profesionales que integran el centro de estudios.
“El nombre de la Argentina fue inspirado en una ciudad de Bolivia. “Boliviano” era el presidente de la primera junta criolla, Cornelio Saavedra; un nicaragüense le puso nombre a la provincia de Entre Ríos, el gran poeta argentino Olegario Andrade nació en Alegrete, Brasil; la poesía gauchesca fue cultivada por orientales como Bartolomé Hidalgo mucho antes que por Hernández… nuestros próceres antiesclavistas, independentistas, se llaman Leftraru, Zumbí, Túpac Amaru, Dessalines, Azurduy, Artigas, Bastidas, por dar sólo algunos ejemplos, y eso da por tierra con cualquiera de estas políticas balcanizadoras impulsadas por sectores ricos, metropolitanos, colonizados, sectarios”, afirmaron.
El documento divulgado hoy se titula “Los hermanos no son extranjeros, nadie debe arrogarse el derecho de convertir una frontera en una reja”, y concluye con esta frase: “Viva Túpac Amaru, vivan la unidad y la emancipación, muera el colonialismo”.
A continuación, el texto completo.
  
Documento de la Junta Abya Yala
por los Pueblos Libres –JAPL-
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Los hermanos no son extranjeros,
nadie debe arrogarse el derecho de convertir
una frontera en una reja
 

Ante la creciente xenofobia promovida desde sectores de poder en la Argentina, empezando por los gobernantes, los miembros de la Junta Abya Yala por los Pueblos Libres –JAPL- repudiamos desde el litoral la discriminación negativa contra hermanos de Nuestra América y negamos la legitimidad de las deportaciones propuestas en un proyecto de ley.
Estamos en vísperas de un aniversario, este 4 de Noviembre, de la revolución encabezada por Túpac Amaru, a quien el poder político y financiero de la Argentina actual llamaría “extranjero”.
Los gobiernos tienen el deber de tratar a todos nuestros hermanos orientales, paraguayos, bolivianos, peruanos, colombianos, venezolanos, haitianos, chilenos, etc., con los mismos derechos que los argentinos, ni más ni menos, porque no son extranjeros en este suelo.
Existen acabadas muestras como el Tawantinsuyo, la región guaraní, la región mapuche, de que las fronteras estatales de hoy son ficticias, impuestas por el poder colonial para rompernos. Los pueblos hemos cultivado y cultivamos por milenios relaciones de pertenencia, de hermandad, una unidad que las fronteras y sus defensores metropolitanos no han logrado descuartizar.
Reprobamos la acepción restringida y antojadiza de la palabra “extranjero”, ligada al Estado, que están usando y manoseando desde la discriminación negativa, esa forma ruin de la soberbia.
Los gobernantes tienen que promover acuerdos para que los argentinos seamos tratados en los países hermanos, como tales, como hermanos, como habitantes de un mismo territorio, miembros de un gran pueblo, de la patria grande. Nuestra misión consiste en abrir las puertas, mutuamente, no en edificar muros.
La América criolla cobija a todos, y cuando decimos todos: todos. Los que estudian, los que cultivan la huerta, los que dan clases en las aulas, los que atienden a los enfermos, los que cocinan, los que padecen la prisión, las víctimas y los victimarios. Mujeres y hombres sin excepción.
Si desde el poder buscan exacerbar diferencias generadas por los estados, podríamos admitir entonces que un gobernante argentino corrupto es más extranjero que un obrero vecino. “Al falluto no lo cuento porque ese no es entrerriano”, dice el poeta, para mostrar otra acepción de la extranjería.
Con estas normas que están proponiendo, van a expulsar a un hermano que se lleve una gallina para el puchero, mientras que el que se lleva el gallinero completo es el que legisla, y el que juzga y el que maneja el dinero con sus bancos y pooles.
Si vamos a deportar, entonces aceptaremos que primero se expulse del país a los que cometen o han cometido genocidio, latrocinio, corrupción, soborno; a los que destruyen el patrimonio de los argentinos, a los que atacan la biodiversidad, o entregan los bienes comunes al capital privado multinacional; a los que pactan con las multinacionales mineras y petroleras, e incluso con acuerdos secretos, y a las multinacionales mismas antes que a nadie; a los que dan vía libre a los hipermercados multinacionales y a los grupos concentrados que patentan las semillas y monopolizan los negocios; a los que arreglan con el capital financiero más execrable y les entregan negocios inmobiliarios, campos, telecomunicaciones; a los que facilitan que el dinero de los narcos y del mercado de armas (Cedin) compre casas y campos para provocar más expulsión de campesinos; que primero se expulse a los que han financiado sus campañas políticas con dinero narcos y a los que pagan una deuda externa que es fraudulenta por donde se la mire, sin investigarla.
Jamás aceptaremos que la soberbia de rivadavianos, mitristas y roquistas (camuflados algunos), de ricachones alzados, ponga un manto de sospecha sobre hermanos obreros y amenace con leyes de exilio, como ocurrió con la ley de residencia.  Esa cantinela de los extranjeros y vagos y mal entretenidos tiene muchos años ya, no podemos ignorar los daños de esta concepción racista. 
En este litoral argentino declaramos, sin una pizca de duda, que en nuestro territorio no es extranjero un hermano latinoamericano, que el Abya Yala nos cobija y nos comprende, y que aún en los peores casos los hermanos de esta patria grande deben ser tratados como tales, con las mismas normas para todos.
El nombre de la Argentina fue inspirado en una ciudad de Bolivia. “Boliviano” era el presidente de la primera junta criolla, Cornelio Saavedra; un nicaragüense le puso nombre a la provincia de Entre Ríos, el gran poeta argentino Olegario Andrade nació en Alegrete, Brasil; algunos de nuestros próceres propusieron que la capital de nuestra patria estuviera en el Cusco; la poesía gauchesca fue cultivada por orientales como Bartolomé Hidalgo mucho antes que por Hernández; con Paraguay, Uruguay, Brasil y toda la región compartimos la historia guaraní, charrúa; hay pruebas claras de que somos un mismo pueblo hace milenios, las artes en la alfarería son las mismas en las costas del Paraná y las del río Negro; nuestros guerreros antiesclavistas, independentistas, se llaman Leftraru, Zumbí, Túpac Amaru, Dessalines, Azurduy, Artigas, Bastidas, por dar sólo algunos ejemplos, y eso da por tierra con cualquiera de estas políticas balcanizadoras impulsadas por sectores ricos, metropolitanos, colonizados, sectarios.
Los árboles, los pájaros, los pueblos, las arenas, los ríos, el paisaje, la historia, las luchas, las expectativas, la filosofía de vida, la armonía de la humanidad en la naturaleza, el espíritu comunitario, todo habla de un mismo gran pueblo, de una civilización milenaria expresada a través de distintos idiomas y modos. Somos los habitantes de Abya Yala, cada cual con sus luchas contra el imperialismo y la invasión, cada cual con sus esfuerzos en el trabajo.
El Himno Nacional Argentino reconoce en sus versos a nuestros pueblos. Dice que somos hijos del Inca, advierte que el invasor se arroja sobre México y Quito, que lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba, La Paz; dice que los colonialistas esparcen la muerte en Caracas. El Himno habla de la Banda Oriental, de las Provincias Unidas del Sud, ¿declararán extranjero al Himno? ¿Quitarán el sol inca de nuestra Bandera?
¿Acaso Atahualpa Yupanqui es extranjero en Bolivia? ¿Artigas es extranjero en la Argentina? ¿China Zorrilla es extranjera? ¿Bolívar es extranjero?
Ya no nos extrañará si un día, con su líder y mentor, desde el poder sostienen que “la sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos” los extranjeros.
Nadie puede, con legitimidad, convertir una frontera en una reja.
La unidad en la patria grande es un principio esencial, los gobiernos no están habilitados para destruir la unidad.
En Argentina ha recrudecido el crimen, y no es difícil ver el vínculo entre el crimen organizado y el imperialismo. Los gobiernos han querido ocultar el problema, por años nos han dicho que se trata de una “sensación”. Hoy, cuando las papas queman, descienden a las repugnantes políticas segregacionistas para congraciarse con vecinos que ignoran la verdadera raíz de la inseguridad y el crimen, para desviar la atención sobre su verdadero origen.
La seguridad es un servicio que deben prestar los gobiernos sin buscar chivos expiatorios ni ocultar sus fracasos. Si presidente, gobernadores, legisladores, ministros, jueces, si estos carísimos servidores públicos no tienen otra idea que el destierro, entonces que pase el que sigue. La unidad del pueblo del Abya Yala no se negocia.
Viva Túpac Amaru, vivan la unidad y la emancipación, muera el colonialismo”.

JUNTA ABYA YALA POR LOS PUEBLOS LIBRES –JAPL-.
Paraná, primavera de 2014.-

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