Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

miércoles, 3 de junio de 2015

“JORNADAS DE LUCHAS AMBIENTALES CONTRA EL EXTRACTIVISMO”

“JORNADAS DE LUCHAS AMBIENTALES CONTRA EL EXTRACTIVISMO”
           
            
    En el año 1972 la Organización de las Naciones Unidas declaró el 5 de junio como el Día Internacional del Ambiente.  Hoy, quienes venimos luchando por nuestro deseo de vivir una vida digna en un ambiente sano transformamos este día en nuestra jornada de lucha porque creemos que para cuidar nuestro territorio, nuestro ambiente y nuestros lugares de trabajo es necesario mucho más que palabras y declaraciones.
En estas JORNADAS DE LUCHAS AMBIENTALES contra el EXTRACTIVISMO, asambleas, organizaciones y militantes independientes, a lo largo y ancho de todo el país, llenamos de actividades las calles, las universidades, las rutas, los centros culturales, las plazas con el fin de denunciar que somos víctimas de un modelo productivo extractivista, colonial y depredatorio que, como  esencia del sistema global capitalista, saquea nuestros recursos, destruye nuestra naturaleza y explota a nuestras poblaciones, resquebrajando las economías regionales y deteriorando nuestros lazos comunitarios. Monsanto, Barrick Gold, Vale, IRSA, Techint, Chevron son sólo algunos de los nombres de empresas transnacionales que imponen cómo debemos vivir. Grobocopatel, Aceitera General Deheza, YPF son los articuladores nacionales que despliegan las piezas nacionales del modelo extractivo. Los gobiernos de turno (nacionales y locales) y los organismos internacionales crean las condiciones necesarias para que nos transformemos en los proveedores de materia prima y de mano de obra barata.
 
El modelo extractivo ha mostrado múltiples caras en nuestro país:
-La del agronegocio, que ha construido una cadena sumamente concentrada en pocas empresas transnacionales de insumos (semillas y agrotóxicos) que pretenden decirnos qué vamos a comer y cómo lo vamos a producir. No contentos con apropiarse de nuestras semillas (a través de la convivencia con la clase política modifican leyes con el mero fin de controlar los mercados de alimentos), y con esclavizar a los productores agrarios que dependen de sus productos, estas empresas además definen cómo nos vamos a morir, transformando nuestros territorios, escuelas y pueblos en “fumigados”, con el vertido de más de 400 millones de litros de agrotóxicos por año.
-Las industrias contaminantes, como las pasteras y las curtiembres que vierten miles de litros de químicos sobre nuestro ambiente y nuestros lugares de trabajo, infectando el aire, el agua y la tierra, y generando múltiples enfermedades a nuestra clase trabajadora, muchas de ellas causales de muerte.
-Aunque la resistencia popular ha frenado la expansión de la megaminería a cielo abierto, las empresas transnacionales que llevan adelante esta actividad han desplegado todas sus estrategias (responsabilidad social empresarial, represión, compra de complicidades) para continuar avanzando en nuestros territorios, aumentando la pobreza de nuestros pueblos y destruyendo a cada paso. Sin embargo, la defensa del agua como elemento de vida es central y los pueblos seguimos rechazando la presencia de estos emprendimientos y reclamando por su soberanía.
-En los espacios urbanos, el modelo extractivo condensa un gran número de problemáticas que nos hacen perder todos los días nuestra calidad de vida. La problemática de la vivienda, la contaminación electromagnética (subestaciones eléctricas y antenas), la falta de servicios sociales básicos, la falta o deficiente tratamiento de los residuos (CEAMSE, quemas a cielo abierto, microbasurales, etc.), la expropiación de los espacios públicos, contaminación, aguas servidas y los trabajos indignos y precarios en empresas contaminantes (fábricas, talleres, usinas y otros lugares de producción y servicios), nos muestran el nivel de precarización general de nuestra vida. La contracara es la ganancia de grandes empresas que especulan con  nuestra miseria y segmentan las ciudades.
-La destrucción de bosques, selvas y humedales conllevan la drástica modificación de los ecosistemas, destruyendo el hábitat de innumerable cantidad de especies, modificando el ciclo del agua y del carbono, claves en la regulación de nuestro planeta. La destrucción de los humedales seguida de relleno de tierras por los grandes emprendimientos inmobiliarios (barrios cerrados y clubes de campo, “territorios” de la clase explotadora), son un elemento central en la mayoría de los procesos de inundaciones que sufrimos cada vez más en todo el país. El monocultivo sojero y la pérdida de grandes masas de vegetación ligada a éste, también hacen lo suyo al respecto.
-Un planeta colapsado por el consumismo capitalista nos obliga a discutir la matriz energética. Sin embargo, estos debates se cierran entre cúpulas entreguistas que nos “venden” la necesidad de continuar sosteniendo las energías “tradicionales”, como la energía nuclear (cara, peligrosa, con volúmenes insostenibles de residuos radioactivos que no tienen tratamiento), hidroeléctrica (también cara y avasallando a las poblaciones locales) y fósil (muy contaminante en su extracción -sea la convencional o el fracking- y uso/quema). Mientras el gobierno nacional promueve la construcción de centrales nucleares e hidroeléctricas cerrando acuerdos con Rusia y China, y el saqueo del petróleo por las trasnacionales y las nacionales, avanzando sobre los territorios de los pueblos originarios de la patagonia, a pura represión física y jurídica. Nuestros pueblos rechazan la continuidad del sistema productivo ya existente y exigen que se reemplace el sistema actual por energías primarias renovables.
 
Enmarcados en un nuevo año electoral, la “clase” política se llena de discursos vacíos que prometen el progreso y el desarrollo y hasta, en algunos casos, nos dicen regalar una mejor calidad de vida ostentando sus etiquetas “verdes” y “recicladas”. Sin embargo el PRO, Frente Renovador, Frente para la Victoria, UCR y las falsas expectativas progresistas de la social democracia sojera, muestran grandes similitudes en lo que respecta a la política socio- ambiental. Los tres poderes del Estado (Ejecutivos, Legislativos y Judicial) son engranajes fundamentales para que progresen los negocios de las grandes corporaciones, para que se desarrollen las ganancias de los grandes empresarios.
 
Quienes venimos luchando hace décadas por una vida digna sabemos que a las palabras se las lleva el viento y que la letra de las leyes no son más que letra muerta. La Ley de Bosques (26.331), la ley de Glaciares (26.639) y la Ley General del Ambiente (25.675) han sido aprobadas luego de la lucha y el esfuerzo de compañeros y compañeras que reclamamos durante años en las calles de nuestro país, y que hoy no son implementadas, o son abiertamente violadas con la complicidad de los poderes del Estado en sus tres niveles. Asimismo, padecemos la Ley 26773 de ART-Riesgos del Trabajo que mantiene la privatización del control de los riesgos y la atención de accidentes y enfermedades ocupacionales, la que debe ser derogada y reemplazada por una Ley que habilite nuestros control sobre las condiciones y ambiente de trabajo y renacionalice el sistema de prevención, atención y rehabilitación de las/os trabajadoras/es dañadas/os.
 
Porque entendemos que somos nosotros y nosotras los que debemos decidir sobre nuestras formas de vida, sobre qué, cómo y para quién producir, es que decidimos luchar de manera articulada con compañeros y compañeras de todo el país y el continente, para mostrar que nuestras condiciones de vida no se negocian y que el derecho a un ambiente sano es mucho más que palabras.
Nuestra lucha se sustenta día a día en propuestas alternativas a este sistema y a este modelo, con la construcción colectiva y democrática de proyectos de agroecología, reutilización y reciclado de RSU, relocalización y reconversión tecnológica de las industrias contaminantes, autodeterminación y control ciudadano de los procesos productivos, promoción e inversión en la investigación y uso de energías renovables y sustentables (para uso domiciliario e industrial).
No nos pararán ni con la Ley Antiterrorista, ni con el Proyecto X, ni con los procesos judiciales ni tampoco con la represión física, policial o parapolicial.
 
Porque entendemos que una vida digna, implica no sólo la erradicación de la pobreza sino también el acceso a la vivienda y al agua potable, a un ambiente saludable y sustentable, a una ciudad y un campo en condiciones igualitarias, en los días cercanos al 5 de junio, cientos de compañeras y compañeros saldremos a las calles de Argentina continuar denunciando lo que nos oprime y proponiendo alternativas.

Firmas:

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