Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

lunes, 2 de noviembre de 2015

HAGAMOS UN TRATO Propuesta al gobierno y su candidato

Por Horacio Brignone, vecino autoconvocado que Forma parte del Paren de Fumigarnos de la provincia de Santa Fe.
HAGAMOS UN TRATO
Propuesta al gobierno y su candidato
Nos piden que los votemos incondicionalmente, que libremos otro cheque en blanco porque lo otro será peor.
¿Es suficiente razón?
Aunque los mejores médicos, los mejores científicos, los más honestos, de aquí y de todo el mundo, nos alertan de que las "novedosas" enfermedades que padecemos están vinculadas con la exposición a agroquímicos y que se necesitan, por lo menos, 1000 metros para poder respirar un poco más tranquilos, en 2013, sin pudor, el Ministerio de Agricultura de la Nación sentenció que 100 metros son suficiente protección, de otro modo el perjuicio económico sería demasiado.
Lo acompañó en la ocasión el influyente lobby agro-empresario, a saber: "Comisión Federal Fitosanitaria (CFF), la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA), la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA), el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica (CPIA), la Federación Argentina de la Ingeniería Agronómica (FADIA), la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (FeArCA) y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA)." ("Pautas sobre aplicación de productos fitosanitarios en áreas periurbanas")
¿Los médicos? ¿La ciencia digna? ¿Las victimas? Un minúsculo grupo de negociantes y burócratas acordaron que solo merecemos 100 metros. Si te gusta, bien, si no, también.
Nos piden que los votemos y, en consecuencia, que las organizaciones sociales, aquéllos que logramos alguna visibilidad, alguna nota, algún micrófono donde replicar la voz de las periferias de las poblaciones, de los maestros y alumnos rurales, de los automovilistas desprevenidos, de las empleadas de cabinas de peaje, de los peones rurales, de los empleados de empresas de fumigación y, en fin, de tantos enfermos en las mismas ciudades mojadas de glifosato y atrazina que trae la lluvia, llamemos a votar más de lo mismo porque lo otro podría ser peor.
El mercado recibe señales, el agro recibe señales, la industria recibe señales, todos los lobbies de presión reciben señales favorables. Para las víctimas solo hay demandas de apoyo incondicional, callarse y votar porque podría ser peor.
Sin rencor, sin embargo, como siempre, traemos una propuesta.
Si piden que los votemos, sería un buen momento para intentar seducirnos, al fin y al cabo se ofrecen para representarnos. No pedimos tanto, apenas alguna señal. No podemos garantizar nada, ni siquiera nuestro propio voto, pero al menos pueden intentarlo.
Una decisión legal -decreto o resolución- alcanzaría perfectamente para atenuar la epidemia de enfermedades que sufrimos en medio país, por ejemplo, 1000 metros libres de veneno. Nuestros médicos nos dicen que ayudaría. Es tan poco que da vergüenza pedirlo así, pero la urgencia aprieta.
El glifosato, que no es un fertilizante sino un poderoso cancerígeno animal y "probablemente humano" según la OMS, sigue luciendo una engañosa banda verde que debe leerse técnicamente como que "Normalmente no ofrece peligro". Eso no puede seguir así.
¿Cómo debe llamarse a un producto irritante de ojos, piel y vías respiratorias y que probablemente produzca cáncer? ¿Peligroso les parece bien? Pues eso es lo que pedimos del SENASA.
Ni soñamos con el ambiente sano que nos promete la letra muerta del artìculo 41 de la Constitución Nacional. No, apenas un ambiente algo menos contaminado que no nos mate tan rápido mientras soñamos con que "algo pase" y nos libere de esta condena impuesta desde el Norte.
Deseamos que no se aprueben más transgénicos, esa peste que está siendo eliminada de todo el mundo pero hunde sus raíces en nuestro país (y unos pocos más). Al SENASA le sobrarían argumentos científicos para mandar al tacho de basura el pedido Monsanto de aprobar su último nuevo engendro -que no semilla ni simiente- llamado soja resistente al herbicida Di Camba, mientras pensamos qué hacemos con los restantes 24 eventos ya aprobados. Señales, al menos.
Si Ecuador y Colombia pudieron acordar frenar las fumigaciones aéreas con glifosato en su frontera común, casi despoblada, por los daños en humanos encontrados hasta a 10 kilómetros de distancia, si Europa las prohibió, ¿cómo es posible no detenerlas en la región más poblada de nuestro país? ¿Cuántos más deben morir? ¿Cuántas más especialistas y universidades deben expedirse?
Hasta el Papa en su Encíclica clama por la aplicación del Principio Precautorio, sin embargo constatamos que la mayoría de nuestra dirigencia ni siquiera logra explicarlo satisfactoriamente aunque integre el derecho positivo nacional como parte de la Ley General del Ambiente. Su sola invocación alzancaría al Poder Ejecutivo Nacional o sus dependencias para fundamentar cualquier decreto o resolución, como sucedió en Ayui Grande.
Con la lista de demandas populares se puede hacer un libro porque estamos inmersos en un círculo vicioso que se agrava diariamente, no obstante, lejos de maximalismos, limitamos la petición a estas pocas y sencillas concesiones para la población que ni por asomo se acercan a las que ya recibieron las minorías económicamente poderosos que los conminaron a hacerlas públicas, por caso, en el "Council of Americas".
De este modo, tal vez, muchos de quienes pensamos que traicionaríamos a nuestros hijos, a las futuras generaciones y a la memoria de nuestros muertos votando incondicionalmente a quienes solo nos proponen continuar el plan de envenenamiento masivo, pudiéramos reflexionar sobre el mal menor.
No podemos extender ninguna garantía pero no intentarlo y resignarse a la derrota electoral que anticipan propios y ajenos, antes que poner en debate este modelo de agricultura tóxica importado daría la razón a quienes piensan que da igual quien gane el balotaje porque las corporaciones ya ganaron. Y si ellas ganaron, sabemos quien perdió.

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