
Estuvieron presentes las mamás de la Cocina Comunitaria, del Costurero y del taller de Género, los niños y niñas y adolescentes de los talleres de los Sábados y del Salón Estelar.
Cada grupo compartió un mensaje para todos los demás. Así, los y las jóvenes, niños y niñas presentaron una obra de teatro de su creación llamada: "Que haya lugar para todas" y juegos, algunos que quedaron para ser utilizados en los talleres de los sábados y otros que se realizaron esa misma noche.


Los niños y niñas del Salón Estelar nos presentaron la obra de títeres: el Mamboretá acompañados con la canción de Canticuénticos. Y las mujeres que participan del taller de Género, nos contaron y mostraron su último trabajo: un árbol realizado con piedritas pegadas sobre una pedazo de cerámica acompañada con una palabra recortada en madera, simbolizando el pulido de la vida en la búsqueda de belleza, que se hace juntas, que es limando las asperezas de la cotidianidad, que es reconociendo lo andado y la experiencia, aprendiendo de ella, que es mostrando el corazón y curando las heridas.

Llenas del alma y la esperanza, en una gran gran ronda, compartimos un picnic a la canasta y bailamos un lindo rato.
La alegría de caminar juntos y juntas,
de desandar entuertos
y remontar sueños,
de trenzar manos y palabras, de cocinar
a fuego lento
sentimientos
para que sean
alimento del alma,
de dar puntadas
con la aguja de la voluntad y el hilo de la memoria
para vestirnos de nosotras, jugarnos los unos y unas
a los otros y otras
con la regla colectiva
del ganamos
todos y todas,
sino, nos repensamos
y volvemos a empezar...
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