Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

lunes, 9 de marzo de 2015

“NO ES CASUAL QUE LAS INUNDACIONES SUCEDAN EN EL CORAZÓN SOJERO DEL PAÍS”

e la planificación urbana, y de cómo se van a hacer las obras de infraestructura --además de sumar "infraestructura verde". Y hay que mirar cuando inevitablemente este boom de los monocultivos pase y tengamos que volver a pensar un modelo agrario sustentable, en favor de la gente, capaz de distribuir las ganancias y de evitar estos desastres que estamos pagando hoy todos los argentinos... Fragmento de la nota.
• “NO ES CASUAL QUE LAS INUNDACIONES SUCEDAN EN EL CORAZÓN SOJERO DEL PAÍS”. • Entrevista de Juan Ciucci a Jorge Cappato, director de la Fundación Proteger. “El sector productivo está enceguecido por un afán productivista, cortoplacista y egoísta como nunca se ha visto en la historia del agro en la Argentina. Hay más de 20 millones de hectáreas de monocultivo sólo de soja transgénica. Esto tiene consecuencias que estamos pagando todos los argentinos. Las grandes lluvias vienen a develar la profunda degradación del ecosistema agrícola”.
_¿Cómo analiza la situación de las inundaciones?
JC: No es casual que estas inundaciones catastróficas estén sucediendo en el corazón de la principal zona sojera del país, es decir, en las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires; las tres provincias productoras de soja por excelencia. También hay producciones en Santiago del Estero, Chaco y Salta; que también han sufrido parte de este fenómeno de lluvias extraordinarias. Precisamente, estos eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes son los que vienen a develar el estado de degradación profunda del ecosistema agrario. Básicamente debido a la expansión del monocultivo de transgénicos, en primer lugar la soja, después todos los otros transgénicos como el maíz.
Como ustedes recordarán la imagen del campo argentino, hace treinta o cuarenta años, era muy diferente: campos donde había cortinas forestales –incluso promocionadas, apoyadas y exigidas por el Estado–; montes de reparo, para proteger el ganado en épocas de altas temperaturas, donde el ganado buscaba refugio. Todo esto ha desaparecido, ha sido un prolijo y masivo desmonte, no sólo del monte nativo, se ha talado sistemáticamente hasta el borde de los alambrados todo lo que fuera la cubierta forestal para ganar superficie de cultivo.

A esto hay que sumarle que el suelo va perdiendo esponjosidad por la falta de rotación, por el uso masivo de agroquímicos y por la extenuación misma de los suelos por la extracción de nutrientes que estos monocultivos transgénicos suponen. Se pierde capacidad absorbente, al no haber más el efecto esponja. Por su parte los árboles a través de sus raíces infiltran el agua hasta las capas profundas del suelo y del subsuelo, cosa que ni el césped ni ningún cultivo agrícola pueden hacer. Se vio muy bien en el caso de las serranías cordobesas que han sido desforestadas e incendiadas; lo mismo sucede en la pampa sojera, en la parte cordobesa y el oeste santafesino. Es un mar de soja y agua.
_¿Cómo se puede revertir en el futuro para evitar este tipo de catástrofes?
JC: La reversión de esto implica reforestar con especies nativas; y obviamente el Estado deberá exigir la reimplantación de las cortinas forestales, los montes de reparo, porciones de bosques. Insisto, con especies nativas, no exóticas. En todo lo que es el enorme ecosistema agrícola que hoy hay en Argentina, calcule que hay más de 20 millones de hectáreas plantadas con soja, es una cantidad pavorosa de superficie donde habrá que restaurar lo más posible el ecosistema original. Y definitivamente no se va a hacer en la medida en que el Estado no intervenga exigiendo eso. En las zonas donde todavía se hacen desmontes primero hay que cumplir con la Ley de Bosques, que no se está cumpliendo en las provincias. Reitero, habría que dejar como mínimo porciones de bosques nativos entremezcladas con los cultivos, incluso en beneficio de la propia producción.
No hablemos de la cantidad de pueblos inundados, rutas cortadas, infraestructura destruida que los ciudadanos de todo el país vamos a tener que pagar a través de nuestros impuestos. No hay ningún banco que nos mande plata para recuperarnos de las catástrofes que supimos conseguir. Más allá del impacto social, del agravamiento de la emigración de las zonas rurales a los centros poblados, hacia los asentamientos carenciados que también se agudizan después de estos fenómenos donde la gente pierde trabajo, aumenta la desazón, aumenta la emigración.
_¿Cómo analiza la situación de los productores sojeros y de otros monocultivos, qué se les puede llegar a pedir en estas circunstancias?
JC: Pedir nada, porque es una mentalidad cortoplacista, egoísta, no hay que pedir nada, hay que exigir; los ciudadanos deben exigir a quienes deben legislar. Los medios de comunicación están para hacer llegar información a la gente para que la opinión pública pueda presionar a través de los mecanismos democráticos a quienes deben legislar.
El sector productivo está completamente enceguecido por un afán productivista, cortoplacista y egoísta como nunca se ha visto en la historia del campo en Argentina. Uno no tiene nada contra la gente del campo, sabemos de su dedicación al trabajo, de su interés por producir, de agregar valor a la tierra. Pero están en un camino totalmente equivocado donde ellos mismos van a ser víctimas en el momento en que esta extenuación de los suelos y estas catástrofes se repitan y se pierda definitivamente la rentabilidad. Después nadie sabe lo que vamos a hacer, después de este esquema conocido en el mundo de “boom y colapso”, como pasó con el quebracho, con el caucho en Amazonia, con la fiebre del oro.
Falta agregar en la fórmula del desastre soja, desmonte, monocultivo, falta de planificación, población pobre que se asienta en los lugares que la propiedad inmobiliaria vale menos, que también son las primeras víctimas; el cambio climático. Porque todo esto obviamente tiene vinculación con el cambio global del clima donde estos fenómenos extremos van a dejar de ser excepcionales para volverse más frecuentes y, sobre todo, imprevisibles. Hay que readecuar toda la mentalidad de la planificación urbana, y de cómo se van a hacer las obras de infraestructura --además de sumar "infraestructura verde". Y hay que mirar cuando inevitablemente este boom de los monocultivos pase y tengamos que volver a pensar un modelo agrario sustentable, en favor de la gente, capaz de distribuir las ganancias y de evitar estos desastres que estamos pagando hoy todos los argentinos.
Contacto Jorge Cappato: 0342-154-484293
Mensajes Fbook: www.facebook.com/jorge.cappato
Imagen: Jesús María, Córdoba, inundada; foto DyN

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