Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

lunes, 6 de abril de 2015

Más estudios confirman la peligrosidad del glifosato

Más estudios confirman la peligrosidad del glifosato





Por Tomás Eliaschev

Es probable que el glifosato sea cancerígeno. Esa es la conclusión a la que llegó la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La entidad acaba de difundir los resultados de un estudio que pateó el tablero del modelo de agronegocios. Así, la denuncia que desde hace años vienen haciendo vecinos afectados y científicos fuera de las órbitas de las corporaciones cobró un renovado impulso. En nuestro país se aplica glifosato a más de 28 millones de hectáreas. Cada año, los suelos son rociados con más de 320 millones de litros, lo que implica 13 millones de personas en riesgo de ser afectadas, según datos de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados (RMPF). No sólo la soja es adicta al glifosato: también se usa para el maíz transgénico y otros cultivos. Donde cae el glifosato, sólo crecen los organismos genéticamente modificados. Todo lo demás muere.

Los que consideran que es un veneno dañino para la salud humana celebraron el reconocimiento a sus planteos. Y quienes consideran que es inocuo están a la defensiva. “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin).También causa daño en el ADN y en los cromosomas de las células humanas”, señaló el informe. Es un cambio de posición: hasta ahora la OMS había calificado el glifosato como un producto que no ofrece peligro y como no cancerígeno. Ahora quedó en la categoría “Grupo 2A”, la segunda más peligrosa. Significa que hay “pruebas limitadas” de carcinogenicidad en humanos y “suficiente evidencia” en animales de experimentación.

“Desde 2001 que venimos peleando contra Monsanto. Lo bueno es que ahora lo dice una organización que para muchos tiene ‘la’ palabra. Han tenido que pasar tantas cosas para que recién ahora tomen esta determinación”, señaló a Veintitrés María Godoy, una de las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo, pioneras en esta denuncia. Con su lucha, hicieron visibles las dolorosas consecuencias de las fumigaciones con pesticidas en su comunidad. “Sufrimos las consecuencias del avance de la frontera agropecuaria sobre las ciudades. Ahora estamos padeciendo las inundaciones consecuencia del desmonte, de los transgénicos y las fumigaciones –reflexionó Godoy, que resaltó los logros de la lucha–. Se pudo condenar judicialmente a productores y fumigadores. Cuando el pueblo se une se logran triunfos, como haber frenado la planta que quería instalar Monsanto en la localidad de Malvinas Argentinas. Tuvimos en contra al intendente Ramón Mestre, al gobernador José Manuel de la Sota y a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que quieren la implementación del modelo agroextractivo. Seguiremos luchando para que paren de fumigar y para cambiar ese modelo”.
Monsanto Company, la cuestionada firma dedicada a las semillas transgénicas y los agrotóxicos, se tomó a pecho la resolución de la OMS. Los principales comercializadores del herbicida, con su marca Round Up, respondieron afirmando que se trata de “ciencia basura”. En su página web plantearon que “todos los usos de glifosato incluidos en la etiqueta son seguros para la salud humana, lo que está respaldado en una de las bases de datos de salud humana más extensas en todo el mundo sobre productos agrícolas”. Y lanzaron una advertencia: “Ya nos hemos acercado a la OMS para comprender cómo, a pesar de la cantidad de conocimiento científico que existe sobre el glifosato, el panel del IARC pudo haber establecido una clasificación que contradice las evaluaciones científicas y regulatorias”. No sólo Monsanto está complicada con estos estudios: en la Argentina también producen glifosato Syngenta, Basf, Bayer, Dupont, Dow Agrosciences, Atanor, YPF, Nidera, Nufarm, Red Surcos, Vicentín y Sigma Agro.

Pero las malas noticias para los defensores del glifosato no sólo tienen que ver con la resolución de la OMS, sino que se le sumaron dos contundentes estudios de cosecha nacional. Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto detectó daño genético en niños cordobeses expuestos a plaguicidas. El trabajo, que acaba de ser publicado en la revista de la Sociedad Argentina de Pediatría, Archivos Argentinos de Pediatría, compara datos de chicos que viven en el área urbana de Marcos Juárez, pero a pocos metros de campos pulverizados con plaguicidas, con otros que habitan zonas urbanas de Río Cuarto, aproximadamente a diez kilómetros de zonas fumigadas. Los niveles de daño genético encontrados en los grupos de niños de Marcos Juárez están muy por arriba de los valores de referencia de los de Río Cuarto. El estudio se denomina “Evaluación del nivel de daño en el material genético de niños de la provincia de Córdoba expuestos a plaguicidas” y lo firman los científicos Natalí Bernardia, Natalia Gentilea, Fernando Mañasa, Álvaro Méndez, Nora Gorla y Delia Aiassa. Encontraron “una diferencia significativa entre los expuestos a menos de 500 metros con respecto al grupo de niños no expuestos. El 40 por ciento de los individuos expuestos sufre algún tipo de afección persistente, que se podría asociar a la exposición crónica a plaguicidas”.

Los expertos estudiaron a 50 niños en Marcos Juárez y 25 de Río Cuarto. Según revelaron, “del total de niños expuestos, 20 (40%) presentaron síntomas persistentes de diversa índole: 9 niños con síntomas respiratorios (estornudos a repetición, dificultad respiratoria, tos y/o broncoespasmos); 9 niños con síntomas respiratorios asociados a picazón o manchas en la piel y picazón o sangrado de nariz, y 2 niños con síntomas respiratorios asociados a lagrimeo, ardor o picazón de ojos y oídos”. Los resultados obtenidos permiten indicar que “existe una exposición a genotóxicos en un grupo de niños con relación a otro”.

A esto se sumó que en octubre del año pasado, por solicitud del Municipio de Monte Maíz y de vecinos de la Red de Prevención de Monte Maíz, se realizó una evaluación de la situación sanitaria ambiental del pueblo, donde hay mucha preocupación ante el evidente aumento del número de personas afectadas por enfermedades graves, como cáncer y colagenopatías ocurridas en los últimos años. El estudio fue realizado por médicos, geógrafos y estudiantes la Universidad de Córdoba junto con un equipo de químicos de la Universidad Nacional de La Plata (ver cuadro). Según concluyeron, “Monte Maíz muestra un aumento de afecciones graves como neumopatías, cáncer, abortos, malformaciones congénitas, hipotiroidismo y colagenopatías para las que existen fuertes indicios de que se desencadenan y/o acentúan en el contexto de intensa contaminación con plaguicidas que refiere este estudio ambiental”.

“Los índices de enfermedades que registramos triplican lo esperable”, comentó el doctorMedardo Ávila Vázquez, de la Universidad Nacional de Córdoba y de la RMPF. Ávila es uno de los expertos que realizó este estudio, el primero hecho con el consentimiento de un municipio, lo cual aportó muchos más datos. En diálogo con esta revista, adelantó que pidieron una reunión con el Ministerio de Salud para que reclasifiquen el glifosato.

“Actualmente está clasificado con etiqueta verde, o sea que se puede usar sin restricciones. Lo usan cuando termina el pueblo y empieza el campo, cruzando la calle o del otro lado del alambrado. Y es legal. No hay una ley nacional. Cualquiera va a una ferretería con una botella vacía y se la llenan de glifosato y le dicen ‘mata yuyos’, como si fuera un producto inocuo, y es claramente cancerígeno”, se lamentó. “Las áreas del Estado que controlan esto están en el Ministerio de Agricultura y tienen una visión muy vinculada a los intereses de los agronegocios. La cámara del sector y hasta la Mesa de Enlace tienen injerencia en el SENASA, que son quienes clasifican los agrotóxicos”, puntualizó.

“La OMS ya no pudo hacerse más la distraída, ya no pueden tapar el sol con la mano”, reflexionó Damián Verzeñassi, de la Cátedra de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario. “Por fin reconocieron lo que tantos vecinos y trabajadores de la salud vienen denunciando: en los territorios afectados por el glifosato la gente es víctima de la exposición a un veneno. Lo que reconoció la OMS está en sintonía con lo que veníamos advirtiendo que es el alarmante incremento del cáncer asociado al glifosato”. Verzeñassi alertó sobre la posibilidad de que ahora admitan la peligrosidad del glifosato para dar lugar a un nuevo herbicida, también dañino para la salud humana. “Ahora reconocen que hace daño, pero nadie se hace responsable de que nos regaron con millones de litros de veneno. Los responsables tienen que hacerse cargo. Se tiene que prohibir taxativamente la utilización de venenos en la producción de alimentos: necesitamos un proceso sustitutivo que dé lugar a la agroecología”, reclamó. Y aportó un horizonte por el que vale la pena seguir luchando: “Soberanía alimentaria, es decir, alimentos sanos para pueblos libres”

Diferencias alarmantes

Enfermedad % Monte Maíz (Córdoba) % Argentina
Abortos espontáneos 9,98                              3
Malformaciones congénitas 2,93                  1,9
Nuevos casos esperables
de cáncer por año   35                                  11 a 13,5
Mortalidad por cáncer 383,14/100.000        136,97/100.000
(ciudad de Córdoba)

Fuente: Evaluación de la salud colectiva socio-ambiental de Monte Maíz

Opinión

Carrasco
tenía razón
Por Darío Aranda
Periodista, autor de Tierra arrasada

En 2009, Andrés Carrasco (foto) alertó que el glifosato produce malformaciones en embriones anfibios, incluso en dosis muy inferiores a las usadas en la agricultura. No fue el primero: en nuestro país hay más de 100 trabajos de universidades que confirman la toxicidad del glifosato. Carrasco era jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador principal del Conicet. Tenía una carrera destacada. Sus estudios generaron un quiebre. Fue atacado por las cámaras empresarias, por el establishment científico, por medios que tienen intereses en el agronegocio como La Nación y Clarín e inclusive por funcionarios nacionales. En ese momento, el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, que es un reconocido promotor y lobbista de las multinacionales que producen transgénicos, llegó a decir que tomar un vaso de glifosato era como tomar agua con sal. Carrasco solía decir que por la cantidad que se usa y la superficie afectada, en la Argentina se produce un experimento masivo a cielo abierto. Lamentablemente, falleció en mayo del año pasado. Sin duda, el estudio de la IARC le da la razón. Y no sólo a él, sino también a las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo y de tantos otros pueblos fumigados que lograron frenar a Monsanto, evitando que instalen su planta en Malvinas Argentinas. El problema no es sólo el glifosato: si lo prohíben, traerán otro plaguicida y van a decir que no hace nada. El problema es el modelo agropecuario de las commodities. La Argentina produce alimentos para cerdos y aves de Europa y Asia. Urge discutir para quién y qué tipo de alimentos producimos. Necesitamos soberanía alimentaria.

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