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Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

martes, 3 de noviembre de 2015

Clima: ¡El proyecto de acuerdo es inaceptable! ¡No a los crímenes climáticos!

Clima: ¡El proyecto de acuerdo es inaceptable! ¡No a los crímenes climáticos!

Jueves 15 de octubre de 2015, por Maxime Combes
Palabras clave > Clima, energía campaña > Cambiemos el sistema, no el clima

Un nuevo texto, que acaso prefigura lo que podría ser el acuerdo de París en ocasión de la COP21, fue hecho público por la ONU. Es inaceptable. Haciendo suyo este texto, los negociadores de los Estados aceptarían que el caos climático pase a ser el horizonte insuperable de la humanidad. Debemos rechazarlo. Es el precio a pagar en aras de un sobresalto de la conciencia política y ciudadana.



Los dos presidentes y facilitadores de la negociación, Ahmed Djoghlaf y Dan Reifsnyder, hicieron público un nuevo texto el lunes 5 de octubre (disponible aquí en pdf), a menos de quince días de la última ronda de negociaciones intermedias en Bonn (19 de oct. – 24 de oct.). Para la gran satisfacción de numerosos comentaristas y periodistas, este texto no tiene más que una veintena de páginas, contra más de noventa para los textos que le precedieron. Para algunos, es una "avanzada", un texto "más corto, más legible (…) más fácil de manejar" que "permitirá hacer avanzar las negociaciones".

Sin embargo, este texto no es aceptable. Por estas razones. Expuestas en 10 puntos.

1. El núcleo del problema: los objetivos de reducción de emisiones de los países no forman parte de la negociación

Por más increíble que esto pueda parecer, los objetivos cuantificados de reducción de emisiones post-2020 que los Estados están invitados a hacer públicos antes de la COP21 no forman parte de los temas de negociación. Estos objetivos, no vinculantes y voluntarios, y hoy muy insuficientes, no se revisarán al alza como efecto de las negociaciones. Sin embargo, la suma de todas estas promesas está muy lejos de lo que se necesita : allí donde los Jefes de Estado y de Gobierno se comprometieron a seguir a 2°C de calentamiento global máximo de aquí a finales del siglo, sus promesas de reducción de emisiones conducen a un calentamiento atmosférico de al menos 3°C. Sería lógico que la diferencia entre lo previsto y el objetivo sea objeto de negociaciones y que se reparta entre los Estados. Lógico, pero no será así en París. Esto no figura en el orden del día de la negociación. ¿Qué figura en el orden del día ? Saber si los objetivos que los Estados han puesto sobre la mesa se llaman "contributions" o " commitments " (compromisos en lenguaje onusiano); cómo se los mide, se los verifica y se los contabiliza. En resumen, en la ONU, se está negociando el continente. No el contenido.

2. La ONU y los Estados tienen previsto negociar con el calentamiento climático

El artículo tres de este proyecto de texto resulta emblemático de la inconsistencia del texto y el peligro que hace nacer. Los científicos del clima han expuesto claramente los objetivos de corto, mediano y largo plazo, así como las hojas de ruta, que permitirían permanecer por debajo de 2°C de aquí a finales del siglo – o mejor 1,5°C. Preconizan así reducir de 40 al 70% las emisiones mundiales de aquí a 2050, considerando que debe alcanzarse un máximo de emisiones de aquí a 2020 y que habría que reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero a 44 GT de CO2eq por año de aquí a 2020, 40 GT de aquí a 2025 y 35 GT de aquí a 2030. Ninguno de estos objetivos a corto y mediano plazo es mencionado en el texto. Los resultados y recomendaciones del IPCC son ignorados por este texto.

¿Qué propone el texto como objetivo a mediano o largo plazo? No se sabe. Puede ser un pico de emisiones para un año que habría que determinar, o términos aún más genéricos en torno de la neutralidad carbono, de zero-net emisiones, o de bajas emisiones. Otros tantos términos a la vez vagos, muy alejados de la precisión que requieren las negociaciones, y por demás problemáticos (véase más adelante). Además, los Estados son simplemente "invitados" a formular objetivos a largo plazo. En cuanto a sus objetivos a corto y mediano plazo, la negociación deberá determinar si los Estados los "deben alcanzar" o los "deberían alcanzar". Una distinción entre "shall" y "should" que demuestra la ambivalencia de negociaciones donde se está dispuesto a ablandar los compromisos en cuanto se presente la oportunidad. La ONU y los negociadores proponen, por lo tanto, negociar con el clima. Esto no es aceptable: no se negocia con el cambio climático: el efecto de invernadero o las consecuencias del calentamiento en los territorios y la población no son negociables. Sólo es posible limitarlos y reducirlos. Es lo que la ONU y los Estados no parecen haber comprendido.

3. Un mecanismo de revisión mal previsto
Habida cuenta de la urgencia climática, los Estados deberían estar obligados a revisar periódicamente, y de manera más ambiciosa, sus objetivos de reducción de emisiones. Aunque es de buen sentido, este mecanismo no está claramente definido. El carácter progresivo, que obligaría a revisar al alza los objetivos, no es sino una opción entre otras. Mientras que las modalidades prácticas de este proceso de revisión no son precisas. Así, el proyecto de texto no prevé hacer el balance de la implementación de los objetivos de los Estados antes de 2023 o 2024,o sea en más de ocho años. Para entonces, nuevos récords mundiales de emisiones de gases de efecto invernadero se alcanzarán sin duda y la urgencia climática indudablemente se agravará aún más. Qué más da, ya que el dispositivo no prevé casos en que la urgencia climática obligue a los Estados a reducir más significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. Mientras que sus propuestas de reducción de emisiones actuales no son aceptables en estas condiciones ya que todas las hipótesis requieren esfuerzos sustancialmente superiores, este dispositivo posterga por diez años – una eternidad frente a la intensificación de las consecuencias del desarreglo climático – toda posibilidad de revisar al alza los objetivos que los Estados se asignan. ¡Nada mejor para garantizarle a la humanidad un choque frontal a toda velocidad contra el muro del caos climático!

4. Un proyecto de texto que ignora el origen de más del 80% de las emisiones de CO2

Increíble bis. He aquí veinte páginas de un texto que se supone va a organizar una política internacional contra el desarreglo climático y que no menciona nunca las energías fósiles. ¿Es imaginable una conferencia internacional sobre el cáncer de pulmón cuyo documento de conclusión no mencione el consumo de tabaco? Sin embargo, esto es lo que pasa en la ONU en materia de clima. Este texto es además menos ambicioso en relación con las anteriores versiones que preveían la posibilidad de una reducción de las subvenciones a las energías fósiles. No se menciona eso ya. La disminución del texto – para alcanzar ese umbral de veinte páginas celebrado por los comentaristas – no ha sido hecha al azar: mientras que el sector de las energías fósiles recibe anualmente más de 700 mil millones de dólares de subvenciones públicas directas*, y que es sostenido, si se tiene en cuenta todas las ayudas indirectas, a la altura de 10 millones de dólares por segundo, el sector simplemente no se menciona. Perfecta confirmación del cisma entre la realidad de las negociaciones sobre el clima y la realidad de la globalizada huída hacia adelante del extractivismo.

Afirmamos entonces que la COP21 en París sigue desatendiendo las energías fósiles. ¿Por qué privarse de hacerlo? Las compañías petroleras, gaseras y carboneras ya se frotan las manos, repitiendo sin cesar que es ilusorio querer reducir drásticamente la parte de los fósiles en el mix energético. Esta ceguera de los negociaciones con respecto a las energías fósiles no es nueva. En más de veinte años de negociaciones de la ONU sobre el cambio climático, nunca ha sido cuestión de dejar todo o parte de las reservas de combustibles fósiles en el suelo, a pesar de que la combustión de energías fósiles representa al menos el 80% de las emisiones de CO2. Ningún Estado, ninguna multinacional y ninguna institución internacional propone limitar en la fuente la producción de carbón, gas y petróleo. Este proyecto de texto hace como si fuera posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sin reducir lo que las genera. Es imposible. Numerosos investigadores piden de ahora en adelante una especie demoratoria internacional sobre cualquier nueva exploración y explotación de energías fósiles. Se les unen en eso decenas de miles de ciudadanos de todo el mundo, exigiendo que se congelen al menos el 80% de las reservas probadas de energías fósiles (Llamamiento a firmar: Dejemos los fósiles en el suelo para acabar con los crímenes climáticos). Si este llamamiento pudiera convertirse en un texto de negociaciones, los Estados y la ONU enunciarían así pura y simplemente esta exigencia legítima y científicamente fundamentada cuya implementación es urgente.

5. No hay financiación adecuada

El artículo sobre la financiación es uno de los más vacíos de contenido del texto. No dice nada concreto. Como si movilizar los fondos que necesitan los Estados y las colectividades territoriales para efectuar una transición energética hacia economías post-fósiles, o incluso permitir que las poblaciones más afectadas por el desarreglo climático se adapten y hagan frente a sus consecuencias, no fuese una prioridad. El compromiso en Copenhague en 2009, consistente en asignar 100 mil millones de dólares de aquí a 2020 para sostener los países y las poblaciones más pobres, no se concreta. Todo se deja a la negociación, como si no hubiese sido posible avanzar sobre este tema en seis años. Los países más ricos se niegan a comprometerse de manera vinculante al respecto y hacen todo lo que está en su poder para convocar a otras fuentes de financiación, comenzando por el sector privado. Por último, no se propone ninguna hoja de ruta para indicar cómo van a mantenerse, o incluso aumentar, los compromisos financieros de los Estados en el curso del tiempo para hacer frente al agravamiento de los desarreglos climáticos.

6. La aviación y el transporte marítimo perdonados

La aviación y el sector del transporte marítimo involucran un 5% y un 3% de las emisiones mundiales de CO2 , o sea las emisiones respectivas de Alemania y de Corea del Sur. Desde siempre, estos dos sectores no están cubiertos por los objetivos de reducción de emisiones nacionales establecidos en el marco de las negociaciones internacionales. Hace varios años que numerosas organizaciones de la sociedad civil, luchan para que sean asignados a esos dos sectores los objetivos específicos, y que el casi décimo de emisiones de C02 que representan sea bien cubierto con un objetivo específico para la reducción de emisiones. Integrados en las versiones anteriores del texto, estos dos sectores hoy carecen de todo objetivo de reducciones de emisiones, mientras que las emisiones de estos dos sectores podrían aumentar un 250 % de aquí a 2050 en caso de darse un escenario Business as usual (BAU, “negocios como de costumbre, como siempre, como hasta ahora, sin modificaciones, sin medidas de restricción”). Los países menos desarrollados también habían pedido que estos dos sectores contribuyan a la financiación internacional de la lucha contra los desarreglos climáticos, propuesta que ya no aparece en esta versión del texto. Mientras que los gobiernos de los Estados más poderosos, comenzando por el Gobierno francés, no cesan de repetir que es preciso obtener un " acuerdo universal", este texto deja cerca de un décimo de emisiones de CO2 fuera del proyecto de acuerdo. Si este texto fuese validado como base de negociaciones, ello equivaldría a legitimar que dos sectores considerados fundamentales para la globalización económica se salven de las políticas de lucha contra los desarreglos climáticos.

7. Un plan para el Desarrollo de las energías renovables
En una nota publicada en 2011, el IPCC afirmaba " que casi el 80% del aprovisionamiento mundial de energía podría ser cubierto por fuentes de energías renovables a mediados de este siglo si el esfuerzo es apoyado por políticas públicas adecuadas ". Los negociadores han comprendido perfectamente la recomendación del IPCC. Digamos casi. El texto no presenta ninguna mención de las energías renovables: el término no aparece, como tampoco un plan de despliegue a escala internacional o un dispositivo de apoyo financiero y técnico. Parece como si estuviésemos soñando despiertos. Y sin embargo no, eso es lo que ocurre: si este texto sirviese de base para la negociación, las 196 partes de las ONU habrían logrado la increíble hazaña de negociar cerca de veinticinco años a propósito del calentamiento del clima sin decidir nunca nada que pueda sostener el despliegue de las energías renovables. Durante este tiempo, el organismo de solución de diferendos (OSD) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) anuló varios planes nacionales y regionales de apoyo a las energías renovables. ¿Motivos? Estos planes no han sido considerados conformes a las normas del comercio internacional. De hecho, al negarse a oponerse a esta lógica, los negociadores de los Estados Miembros de la ONU confirman que ¡conceden más importancia a las normas del comercio internacional que a la lucha contra los desarreglos climáticos!

8. Relegar los derechos humanos, sociales y políticos a un artículo sin valor

Los redactores de este texto han logrado la hazaña de reagrupar los derechos humanos, la igualdad de género, los derechos de las poblaciones indígenas, así como el conjunto de los elementos que hacen que una sociedad pueda seguir siendo una sociedad en caso de severos impactos de los desarreglos climáticos (seguridad alimentaria, políticas sociales, transición justa, trabajo decente, etc.) ¡en un solo y único párrafo ! Un párrafo que no quiere decir gran cosa si no es que agrupa a un conjunto de temas y cuestiones sobre las que luchan una gran mayoría de organizaciones sindicales, humanitarias, campesinas, asociativas, etc. ¿Y qué dice este párrafo ? Que se debe respetar y tener en cuenta todos estos desafíos. Palabras se han pronunciado más incisivas y vinculantes. ¿Donde figura este párrafo ? En el preámbulo de lo que sería el texto de resolución surgido de la COP21. Lo que significa que no se mantiene ninguna mención de estos retos fundamentales en el centro del dispositivo jurídico que debe gobernar las negociaciones sobre el cambio climático a partir de 2020. En pocas palabras, este párrafo no tiene ningún valor. Estos objetivos y principios quedan por lo tanto marginados, como raras veces en un texto emanado de la ONU. ¿Pensaba Ud. que la Conferencia de París podría ser un paso importante en la perspectiva de una transición energética mundial, apoyándose en la justicia social, los derechos humanos y la soberanía alimentaria? Despiértese, esto no será así.

9. Un debilitamiento generalizado de la Convención Marco de la ONU

En perfecta consonancia con el punto anterior, el proyecto de texto debilita considerablemente los principios de la Convención Marco de las ONU sobre el cambio climático, redactada y aprobada en 1992 en Río de Janeiro (Brasil). Esta Convención está lejos de ser perfecta. Pero se basa en una serie de principios que procuran asegurar criterios de justicia entre los distintos países y las diferentes poblaciones del planeta: todo el mundo no es igualmente responsable de la crisis climática y no dispone de los mismos medios para hacerle frente. Esta realidad se inscribe en el marco del principio de la responsabilidad común pero diferenciada. Este principio, ampliamente edulcorado con el paso del tiempo, nuevamente lo es aquí: El artículo 2 se limita a indicar que el texto de acuerdo "refleja" este principio, dejando abiertas todas las interpretaciones posibles.

10. Las ideas peligrosas no están excluidas

Muchos puntos podrían ser citados aquí. Limitémonos al concepto de emisiones "netas cero", que es una de las opciones del objetivo de largo plazo previsto en este texto. El término "emisiones neta cero" puede parecer similar al término " cero emisión", y así obtener un apoyo equivalente. Sin embargo, ambos conceptos tienen significados y efectos muy diferentes. Añadir "neto" a un objetivo de "cero emisión" desnaturaliza totalmente el objetivo inicial. En lugar de exigir reducciones de emisiones reales, la contabilidad neta alienta la compensación carbono a escala mundial y masiva. Esta compensación podría movilizar millones de hectáreas de bosques y de tierras arables para almacenar carbono resultante de las emisiones de gases de efecto invernadero que no quedarían eliminadas. Muchas comunidades vulnerables de los países del Sur ya han perdido sus tierras y visto su seguridad alimentaria comprometida en razón de estos dispositivos de compensación carbono. En lugar de extraer las lecciones, los negociadores podrían generalizar estas prácticas, fijando un objetivo a largo plazo de "emisiones netas cero", socavando los derechos sobre tierras y la soberanía alimentaria de las poblaciones locales.

Conclusión: ¿Por qué rechazar este texto si es la única alternativa seria que tenemos?

Es en 2011, en Durban, que los Estados dieron mandato a las negociaciones de la ONU de lograr de aquí a fines de 2015 un acuerdo sobre un protocolo, otro instrumento legal o una solución concertada con una fuerza legal "que constituya la continuación del Protocolo de Kioto (cuyo segundo período de compromisos termina en 2020). Desde la Conferencia de Durban, 85 jornadas de negociación han tenido lugar. Cerca de tres meses en acumulado. Negociaciones que requirieron una cantidad increíble de emisiones para desplazar negociadores de los cuatro rincones de la tierra y durante las cuales numerosos huracanes, tormentas, inundaciones y sequías han asolado a numerosas regiones del mundo. No se puede decir que a los negociadores y los Estados les haya faltado tiempo para tomar conocimiento de la gravedad de la situación y para trabajar en la perspectiva de un acuerdo que esté a la altura de los problemas. Sin embargo, este texto no está a la altura de los problemas. Al contrario, nos conduce al caos climático y establece el delito climático como modo de regulación de las consecuencias de los desarreglos climáticos. Esto no es aceptable.

Algunos comentaristas afirman en todas partes que disponer de un texto más corto es un progreso y que debería aceptarse como base de negociación, para luego mejorarlo. Continúan diciendo que si este texto debiera ser rechazado, esto equivaldría a iniciar la quincena de negociaciones en París con un texto más largo y menos legible y comprensible todavía. Por supuesto.;; Pero ¿qué relación con la urgencia climática? El objetivo es de tener cualquier acuerdo de París ¿o bien tener un acuerdo a la altura de los desafíos? ¿Qué significa aceptar ese texto como base de negociación, cuando es sabido, a reserva de un mínimo de lucidez, que no podrá ser mejorado radicalmente? ¿Por qué dejar creer que podría mejorarse de manera significativa cuando ya resulta de propuestas mínimas de los Estados ?

ONG, sindicatos, organizaciones sociales y ambientales deben pronunciarse sobre el fondo, y no sobre la forma de las negociaciones: este texto ¿es apto para responder a la urgencia climático dentro de una perspectiva de la justicia social? En absoluto. Esto debería ser ampliamente suficiente para rechazarlo de manera unánime y clara. ¿Cuál es el riesgo? ¿Bloquear las negociaciones ? ¿Retrasarlas? ¿Crear una crisis política en el seno de la UNFCCC? Eso es atribuirnos demasiado poder frente a los Jefes de Estado y de Gobierno, y los negociadores, que no nos escuchan.

Aceptar ese texto como base de negociaciones equivale más o menos a ¡explicitar que las negociaciones están en buen camino! Este no es el caso. ¿Por qué no decirlo? ¿Por qué no expresar explícitamente nuestra consternación frente a negociaciones que nos conducen a la catástrofe climática? Rechazar claramente este texto porque no está a la altura de los problemas, es indicar explícitamente a la opinión pública que hay un problema. Es generar una tensión política saludable. Es crear un acontecimiento para aclarar las cuestiones en juego, para levantar las velas y obligar a todo el mundo a poner las cartas sobre la mesa. Dicha propuesta equivale a alertar a la opinión pública y explicar claramente que detrás de los bonitos discursos, no hay nada. Finalmente, es desempeñar nuestro papel de lanzadores de alerta. Si no lo hacemos, ¿quién lo hará en lugar nuestro?
Climat : Le projet d’accord est inacceptable ! Non aux crimes climatiques !

jeudi 15 octobre 2015, par Maxime Combes
Mots-clés > Climat, ÉnergieCampagne > Changeons le système, pas le climat



Un nouveau texte, pouvant préfigurer ce que pourrait être l’accord de Paris lors de la COP21, a été rendu public par l’ONU. Il est inacceptable. En endossant ce texte, les négociateurs des États accepteraient que le chaos climatique devienne l’horizon indépassable de l’humanité. Nous devons le rejeter. Un éventuel sursaut politique et citoyen est à ce prix.



Les deux présidents et facilitateurs de la négociation, Ahmed Djoghlaf et Dan Reifsnyder, ont rendu public un nouveau texte lundi 5 octobre (disponible ici en pdf), à moins de quinze jours de la dernière session de négociations intermédiaires à Bonn (19 oct – 24 oct). A la grande satisfaction de nombreux commentateurs et journalistes, ce texte ne fait qu’une vingtaines de pages, contre plus de quatre-vingt pour les textes qui l’ont précédé. Pour certains, c’est une « avancée » sur un texte « plus court, plus lisible (…) plus facile à manier » qui « permettra de faire avancer les négociations ».

Pourtant, ce texte n’est pas acceptable. Voilà pourquoi. En 10 points.

1. Le cœur du problème : les objectifs de réduction d’émission des pays ne font pas partie de la négociation

Aussi incroyable que cela puisse paraître, les objectifs quantifiés de réduction d’émission post-2020 que les États sont invités à rendre publics avant la COP21 ne font pas partie des sujets de négociation. Ces objectifs, non contraignants et volontaires, et aujourd’hui largement insuffisants, ne seront pas revus à la hausse sous l’effet des négociations. Pourtant, la somme de toutes ces promesses est très éloignée de ce qui est nécessaire : là où les chefs d’État et de gouvernement se sont engagés à en rester à 2°C de réchauffement climatique maximal d’ici à la fin du siècle, leurs promesses de réduction d’émissions conduisent à un réchauffement climatique d’au moins 3°C. Il serait logique que l’écart entre le prévisionnel et l’objectif fasse l’objet de négociations et qu’il soit réparti entre les États. Logique, mais ce ne sera pas le cas à Paris. Ce n’est pas à l’ordre du jour de la négociation. Ce qui est à l’ordre du jour ? Savoir si les objectifs que les États ont posés sur la table s’appellent « contributions » ou « commitments » (engagements en langage onusien), comment on les mesure, les vérifie et les comptabilise. Bref, à l’ONU, on négocie le contenant. Pas le contenu.

2. L’ONU et les États prévoient de négocier avec le réchauffement climatique

L’article trois de ce projet de texte est emblématique de son inconsistance et du danger qu’il fait naître. Les scientifiques du climat ont clairement posé les objectifs de court, moyen et long terme, ainsi que les feuilles de route, qui permettraient de rester en deçà de 2°C d’ici à la fin du siècle – ou mieux 1,5°C. Ils préconisent ainsi de réduire de 40 à 70 % les émissions mondiales d’ici à 2050, considérant qu’un maximum d’émissions doit être atteint d’ici à 2020 et qu’il faudrait réduire les émissions mondiales de gaz à effet de serre à 44 Gt de CO2eq par an d’ici 2020, 40 Gt d’ici 2025 et 35 Gt d’ici 2030. Aucun de ces objectifs à court et moyen terme n’est mentionné dans le texte. Les résultats et préconisations du GIEC sont ignorés par ce texte.

Que propose le texte comme objectif de moyen ou long terme ? On ne sait pas. Peut-être un pic d’émissions pour une année qui serait à déterminer, ou des termes encore plus génériques autour de la neutralité carbone, du zéro-net émissions, ou de faibles émissions. Autant de termes à la fois vagues, très éloignés de la précision que requièrent de telles négociations, et par ailleurs problématiques (voir plus loin). De plus, les États sont simplement « invités » à formuler des objectifs de long-terme. Quant à leurs objectifs à court et moyen terme, la négociation devra déterminer si les États « doivent les atteindre » ou « devraient les atteindre ». Une distinction entre « shall » et « should » qui montre toute l’ambivalence de négociations où l’on est prêt à adoucir les engagements dès que l’opportunité se présente. L’ONU et les négociateurs proposent donc de négocier avec le climat. Ce n’est pas acceptable : on ne négocie pas avec le réchauffement climatique : l’effet de serre ou les conséquences du réchauffement sur les territoires et les populations ne se négocient pas. Il est seulement seulement possible de les limiter et les freiner. CE que l’ONU et les États ne semblent pas avoir compris.

3. Un mécanisme de révision mal envisagé

Compte tenu de l’urgence climatique, les États devraient être tenus de revoir régulièrement, et de façon plus ambitieuse, leurs objectifs de réduction d’émission. De bon sens, ce mécanisme là n’est pourtant pas clairement défini. Le caractère progressif, qui obligerait à revoir les objectifs à la hausse, n’est qu’une option parmi d’autres. Tandis que les modalités pratiques de ce processus de révision ne sont pas précises. Ainsi, le projet de texte ne prévoit pas de faire de bilan de la mise en œuvre des objectifs des États avant 2023 ou 2024, soit dans plus de huit ans. D’ici là, de nouveaux records mondiaux d’émissions de gaz à effet de serre seront certainement battus et l’urgence climatique se sera sans doute encore aggravée. Peu importe, puisque le dispositif ne prévoit pas de cas où l’urgence climatique oblige les États à réduire plus significativement leurs émissions de gaz à effet de serre. Alors que leurs propositions de réduction d’émissions actuelles ne sont pas acceptables en l’état et que tous les scénarios exigent des efforts substantiellement supérieurs, ce dispositif repousse à dans dix ans – une éternité face à l’intensification des conséquences du dérèglement climatique – toute possibilité de revoir à la hausse les objectifs que les États s’assignent. Il n’y a rien de tel pour que l’humanité soit assurée de frapper à pleine vitesse le mur du chaos climatique !

4. Un projet de texte qui ignore l’origine de plus de 80% des émissions de CO2

Incroyable bis. Voilà vingt pages d’un texte qui est supposé organiser une politique internationale contre le dérèglement climatique et qui n’évoquent jamais les énergies fossiles. Imaginez-vous une conférence internationale sur le cancer du poumon dont le document de conclusion ne mentionnerait pas la consommation de tabac ? C’est pourtant ce qu’il se passe à l’ONU en matière de climat. Ce texte est d’ailleurs en retrait par rapport aux précédentes moutures qui envisageaient la possibilité d’une réduction des subventions aux énergies fossiles. Cela n’est plus évoqué. La diminution du texte – pour atteindre ce seuil de vingt pages dont les commentateurs se félicitent – n’a pas été faite au hasard : alors que le secteur des énergies fossiles reçoit chaque année plus de 700 milliards de dollars de subventions publiques directes et qu’il est soutenu, si l’on tient compte de toutes les aides indirectes, à hauteur de 10 millions de dollars par seconde, ce secteur n’est tout simplement pas mentionné. Une belle confirmation du schisme de réalité qui existe entre les négociations sur le climat et la réalité de la globalisation de la fuite en avant extractiviste.

Proposition est donc faite que la COP21 à Paris continue d’ignorer totalement les énergies fossiles. Pourquoi se priver ? Les compagnies pétrolières, gazières et charbonnières s’en frottent déjà les mains, elles qui ne cessent de répéter qu’il est illusoire de vouloir réduire drastiquement la part des fossiles dans le mix énergétique. Cette cécité des négociations à propos des énergies fossiles n’est pas nouvelle. En plus de vingt ans de négociations de l’ONU sur le changement climatique, il n’a jamais été question de laisser tout ou partie des réserves d’énergies fossiles dans le sol, et ce alors que la combustion des énergies fossiles représente au moins 80 % des émissions de CO2. Aucun État, aucune multinationale et aucune institution internationale ne propose de limiter à la source la production de charbon, de gaz et de pétrole. Ce projet de texte fait comme s’il était possible de réduire les émissions de gaz à effet de serre sans réduire ce qui les génère. C’est impossible. De nombreux chercheurs demandent désormais une forme de moratoire international sur toute nouvelle exploration et mise en exploitation d’énergies fossiles. Ils sont rejoints en cela par des dizaines de milliers de citoyens à travers le monde qui exigent de geler au moins 80 % des réserves prouvées d’énergies fossiles (Appel à signer : Laissons les fossiles dans le sol pour en finir avec les crimes climatiques). Si ce texte devait devenir un texte de négociations, les États et l’ONU rejetteraient ainsi purement et simplement cette exigence légitime et scientifiquement fondée dont la mise en œuvre est urgente, préférant cautionner de nouveaux crimes climatiques.

5. Pas de financements adéquats

L’article sur le financement est l’un des plus vides de contenu du texte. Il ne dit rien de précis. Comme si mobiliser les financements nécessaires aux États et les collectivités territoriales pour opérer une transition énergétique vers des économies post-fossiles, ou encore permettre aux populations les plus touchées par le règlement climatique de s’adapter et de faire face aux conséquences des dérèglements climatiques, n’était pas une priorité. L’engagement pris à Copenhague en 2009, consistant à débloquer 100 milliards de dollars d’ici à 2020 pour soutenir les pays et populations les plus démunis, ne se concrétise toujours pas. Tout est laissé à la négociation, comme s’il n’avait pas été possible d’avancer sur ce sujet en six ans. Les pays les plus riches refusent de s’engager de façon contraignante à ce sujet et font tout ce qui est en leur pouvoir pour convoquer d’autres sources de financements, à commencer par le secteur privé. Enfin, aucune feuille de route n’est proposée pour indiquer comment les engagements financiers des États vont se maintenir, mieux s’accroître, au cours du temps pour faire face à l’aggravation des dérèglements climatiques.

6. L’aviation et le transport maritime épargnés

L’aviation et le secteur du transport maritime comptent respectivement pour 5% et 3% des émissions mondiales de CO2, soit les émissions respectives de l’Allemagne et de la Corée du Sud. Depuis toujours, ces deux secteurs ne sont pas couverts par les objectifs de réduction d’émission nationaux établis dans le cadre des négociations internationales. Cela fait plusieurs années que de nombreuses organisations de la société civile se battent pour que des objectifs spécifiques soient assignés à ces deux secteurs, et que le presque dixième des émissions de C02 qu’ils représentent soit bien couvert avec un objectif spécifique de réduction d’émissions. Patatras. Intégrés dans les versions précédentes du texte, ces deux secteurs sont aujourd’hui exemptés de tout objectif de réductions d’émissions, alors que les émissions de ces deux secteurs pourraient augmenter de 250 % d’ici à 2050 en cas de scénario business as usual. Les pays les moins développés avaient également demandé que ces deux secteurs contribuent au financement international de la lutte contre les dérèglements climatiques, proposition qui n’apparait plus dans cette version du texte. Alors que les gouvernements des États les plus puissants, à commencer par le gouvernement français, ne cessent de répéter qu’il faut obtenir un « accord universel », ce texte laisse près d’un dixième des émissions de CO2 à l’extérieur du projet d’accord. Si ce texte était validé comme base de négociations, cela reviendrait à cautionner que deux secteurs jugés essentiels à la globalisation économique soient épargnés par les politiques de lutte contre les dérèglements climatiques.

7. Pas de plan pour le développement des énergies renouvelables

Dans une note publiée en 2011, le GIEC affirmait « que près de 80% de l’approvisionnement mondial en énergie pourrait être assuré par des sources d’énergies renouvelables d’ici au milieu de ce siècle si l’effort est soutenu par des politiques publiques adéquates ». Les négociateurs ont parfaitement entendu la recommandation du GIEC. Enfin presque. Le texte ne présente aucune mention des énergies renouvelables : le terme n’apparait pas, pas plus qu’un plan de déploiement à l’échelle internationale ou un dispositif de soutien financier et technique. On croit rêver. Et pourtant on ne rêve pas : si ce texte devait servir de base de négociation, les 196 parties de l’ONU auraient réussi l’incroyable exploit de négocier près de vingt-cinq ans à propos du réchauffement climatique sans ne jamais rien décider qui puisse soutenir le déploiement des énergies renouvelables. Pendant ce temps, l’organisme des règlements des différends (ORD) de l’Organisation mondiale du commerce (OMC) a cassé plusieurs plans nationaux et régionaux de soutien aux énergies renouvelables. Motif ? Ces plans n’ont pas été jugés conformes aux règles du commerce international. De fait, en refusant de s’opposer à cette logique, les négociateurs des États-membres de l’ONU confirment qu’ils accordent plus d’importance aux règles du commerce international qu’à la lutte contre les dérèglements climatiques !

8. Reléguer les droits humains, sociaux et politiques dans un article sans valeur

Les rédacteurs de ce texte ont réussi la prouesse de regrouper les droits humains, l’égalité de genre, les droits des populations indigènes, ainsi que l’ensemble des éléments qui font qu’une société peut rester société en cas de sévères impacts des dérèglements climatiques (sécurité alimentaire, politiques sociales, transition juste, travail décent, etc) dans un seul et unique paragraphe ! Un paragraphe qui ne veut plus dire grand chose si ce n’est qu’il regroupe un ensemble de sujets et de questions sur lesquelles se battent une très grande majorité d’organisations syndicales, humanitaires, paysannes, associatives, etc. Et que dit ce paragraphe ? Qu’il faut respecter et tenir compte de tous ces enjeux. On a connu verbes plus incisifs et contraignants. Où est placé ce paragraphe ? Dans le préambule de ce que serait le texte de décision issu de la COP21. Ce qui signifie qu’aucune mention de ces enjeux fondamentaux n’est maintenue dans le cœur du dispositif juridique qui doit gouverner les négociations sur le changement climatique à partir de 2020. Bref, ce paragraphe n’a aucune valeur. Ces objectifs et ces principes sont donc marginalisés comme rarement dans un texte issu de de l’ONU. Vous pensiez que la conférence de Paris pourrait être une étape importante dans la perspective d’une transition énergétique mondiale, s’appuyant sur la justice sociale, les droits humains et la souveraineté alimentaire ? Réveillez-vous, ce ne sera pas le cas.

9. Un affaiblissement généralisé de la Convention cadre de l’ONU

Dans la droite ligne du point précédent, ce projet de texte affaiblit considérablement les principes de la convention cadre des Nations-Unies sur le changement climatique, rédigée et adoptée en 1992 à Rio de Janeiro (Brésil). Cette convention est loin d’être parfaite. Mais elle est fondée sur un certain nombre de principes visant à assurer des critères de justice entre les différents pays et les différentes populations de la planète : tout le monde n’est pas également responsable de la crise climatique et ne dispose pas des mêmes moyens pour y faire face. Cette réalité s’inscrit dans le cadre du principe de responsabilité commune mais différenciée. Ce principe, largement édulcoré au cours du temps, l’est à nouveau ici : l’article 2 se limite à indiquer que ce texte d’accord « reflète » ce principe, laissant la place à toutes les interprétations possibles.

10. Des idées dangereuses ne sont pas écartées

Beaucoup de points pourraient être cités ici. Limitons-nous au concept d’émissions « nettes zéro », qui est une des options de l’objectif de long terme envisagé dans ce texte. Le terme « émissions nette zéro » peut sembler similaire au terme « zéro émission », et ainsi obtenir un soutien équivalent. Pourtant, les deux concepts ont des significations et des effets très différents. Ajouter « net » à un objectif de « zéro émission » dénature complètement l’objectif initial. Au lieu d’exiger des réductions d’émissions réelles, la comptabilité nette encourage la compensation carbone à une échelle globale et massive. Cette compensation pourrait mobiliser des milliards d’hectares de forêts et de terres arables pour stocker le carbone issu des émissions de gaz à effet de serre qui ne seraient pas éliminées. Beaucoup de communautés vulnérables des pays du Sud ont déjà perdu leurs terres et vu leur sécurité alimentaire compromise en raison de ces dispositifs de compensation carbone. Plutôt que d’en tirer les leçons, les négociateurs pourraient généraliser ces pratiques en fixant un objectif de long terme de « émissions nettes zéro », minant les droits fonciers et la souveraineté alimentaire des populations locales.

Conclusion : Pourquoi rejeter ce texte est la seule option sérieuse que nous ayons ?

C’est en 2011, à Durban, que les États ont donné mandat aux négociations de l’ONU d’aboutir d’ici fin 2015 à accord sur « un protocole, un autre instrument légal ou une solution concertée ayant une force légale » qui prenne la suite du protocole de Kyoto (dont la deuxième période d’engagements prend fin en 2020). Depuis cette conférence de Durban, 85 journées de négociation ont eu lieu. Près de trois mois en cumulé. Des négociations qui ont nécessité un quantité incroyable d’émissions pour déplacer des négociateurs des quatre coins de la planète et au cours desquelles de nombreux ouragans, tempêtes, inondations et sécheresses ont ravagé de nombreuses régions de la planète. On ne peut pas dire que les négociateurs et les États aient manqué de temps pour prendre connaissance de la gravité de la situation et pour travailler dans la perspective d’un accord qui soit à la hauteur des enjeux. Pourtant, ce texte n’est pas à la hauteur des enjeux. Au contraire, il nous conduit au chaos climatique et institue le crime climatique comme mode de régulation des conséquences des dérèglements climatiques. Ce n’est pas acceptable.

Certains commentateurs affirment partout que disposer d’un texte plus court est un progrès et qu’il faudrait l’accepter comme base de négociation, pour ensuite l’améliorer. Ils poursuivent en disant que si ce texte devait être refusé, cela reviendrait à débuter la quinzaine de négociations à Paris avec un texte plus long et encore moins lisible et compréhensible. Certes. Mais quel rapport avec l’urgence climatique ? L’objectif est-il d’avoir n’importe quel accord à Paris ou bien d’avoir un accord à la hauteur des enjeux ? Que signifie accepter un tel texte comme base de négociation alors que chacun sait, sous réserve d’un minimum de lucidité, qu’il ne pourra être radicalement amélioré ?Pourquoi laisser croire qu’il pourrait être amélioré de manière significative alors qu’il résulte déjà des propositions minimales des États ?

ONG, syndicats, organisations sociales et écologiques doivent se prononcer sur le fond, et non sur la forme des négociations : ce texte est-il de nature à répondre à l’urgence climatique dans une perspective de justice sociale ? Absolument pas. Cela devrait largement suffire à le refuser de manière unanime et claire. Que risque-t-on ? Bloquer les négociations ? Les retarder ? Créer une crise politique au sein de l’ UNFCCC ? C’est supposer notre pouvoir bien grand face à des chefs d’État et de gouvernement, et des négociateurs, qui ne nous écoutent pas.

Accepter ce texte comme base de négociations revient peu ou prou à expliciter que les négociations sont sur la bonne voie ! Ce n’est pas le cas. Pourquoi ne pas le dire ? Pourquoi ne pas explicitement exprimer notre consternation face à des négociations qui nous conduisent à la catastrophe climatique ? Refuser clairement ce texte parce qu’il n’est pas à la hauteur des enjeux, c’est indiquer explicitement à l’opinion publique qu’il y a un problème. C’est générer une tension politique salutaire. C’est faire événement pour expliciter les enjeux, pour lever les voiles et obliger toute le monde à jouer cartes sur table. Une telle proposition revient à interpeller l’opinion publique et expliquer clairement que, derrière les beaux discours, il n’y a rien. C’est enfin jouer notre rôle de lanceur d’alerte. Si nous ne le faisons pas, qui le fera donc à notre place ?

https://france.attac.org/se-mobiliser/changeons-systeme-pas-climat/article/climat-le-projet-d-accord-est-inacceptable-non-aux-crimes-climatiques?pk_campaign=Infolettre-397&pk_kwd=climat-le-projet-d-accord-est



· Nota de P.B.: compárese esta cifra de 700 mil millones anuales de subsidios a los fósiles, con el anunciado “fondo verde” de 100 mil millones como gran contribución financiera a la mitigación y adaptación!!!!

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