Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

jueves, 14 de enero de 2016

Cooperativas de consumo agroecológico

Cooperativa La Canasta: la otra forma de consumir

1452649987008-Img_Canasta3_1_.jpgLas cooperativas de consumo agroecológico son una realidad cada día más presente a nivel local y nuestro barrio no es la excepción.  Aunque se trata de iniciativas que, en cifras totales, suman a un número reducido de personas, demuestran que es posible llevar a cabo otro modelo de consumo que tiene en cuenta criterios sociales y medioambientales.
Uno no sabe bien de qué se trata. Está lleno de canastas con frutas y verduras frescas; guindas gloriosas, manzanas rojas, naranjas dulcísimas, frutillas aromáticas, atados de rúcula fresca recién cortada,  mix de hojas verdes, bandejas  con huevos multicolores. Al medio un barril de madera con un hermoso zapallo a medio trozar. Más allá, sobre un improvisado mesón, descansa un enorme pan de queso de cabra, entremedio de pesas electrónicas.  Hay movimiento, gente que entra y sale, se saluda, conversa. Un par de afanados vecinos trabaja concentrado de allá para acá: Porcionan de a kilo las frutas y legumbres, trozan el queso, el zapallo. Chequean las listas de pedidos y disponen en cajones de madera los productos semanales de cada familia socia. El espectáculo final es una larga hilera de cajones dispuestos sobre el pasto, lleno de exquisiteces verdes. Miel, jugos naturales, nueces orgánicas, porotos payares y un sinfín de otros productos asoman envueltos en cartuchos de papel, por encima de las verduras.
Img_Canasta_1_.jpgPero, eso sí, no hay marcas comerciales a la vista. Ninguna. Ni siquiera carteles con precios. Tan solo una banderilla de papel indica en los canastos grandes el nombre del proveedor -“Don Gonzalo”, ”Don Curacaví”. El único indicio de que podría tratarse de una venta o algo así es una hoja blanca, tamaño carta, pegada al fondo de una pared y en la que si uno se acerca lo suficiente puede leer en cuerpo doce “Lista de precios”. Esta es tan variada como fascinante. No solo hay frutas y hortalizas, sino también mermeladas, cereales integrales, manjar de leche de soya, salsa de tomates orgánica, hierbas aromáticas, vinos orgánicos y hasta pan y pastelillos veganos.
Qué es esto? Preguntan los vecinos que ven este movimiento verde cada sábado a la mañana, a la entrada de nuestra Comunidad. Pues sépanlo: se trata de “La Canasta”, una Cooperativa de Consumo de Productos Agroecológicos  (léase orgánicos), de la que cualquiera puede participar. Los beneficios no son pocos: tener acceso a productos hasta un 40 % más barato que en el comercio establecido; además saludables y sin agrotóxicos.

A muestra de botón: un litro de aceite de oliva cuesta para los socios de La Canasta $ 3.600, versus los $ 6.000 que promedia en el retail. Lo mismo sucede con el queso de cabra ($ 9.600 el kilo), la quínoa orgánica ($ 4.500) y los alimentos en general, que logran importantes rebajas respecto a los precios de supermercado.
Más encima, se vive la experiencia de sentirse parte de una cooperativa, que le agrega varios satisfactores más.
El sistema de funcionamiento es sencillo y muy fácil de entender. Los socios compran al por mayor y directo al productor los artículos de consumo. Se ahorran así los costos de comercialización, los márgenes y  los sobreprecios.  Luego se reparten los productos entre ellos.  No hay afán de lucro involucrado. Un sistema cooperativo solo aspira al bienestar  de todos sus  miembros y es por sí mismo un sistema colectivo.
Las cooperativas no son nuevas  ni  en Chile ni en el planeta.  Nacieron a fines del siglo XIX, post revolución industrial. Desde sus inicios tuvieron una impronta ideológica,  ligadas al movimiento obrero y sindical. Participar de una cooperativa era una manera de oponerse al  “capitalismo excluyente “, que ya se dejaba sentir en la sociedad de entonces.
Img_Canasta2_1_.jpgHoy, más de cien años después, el cooperativismo está teniendo su especie de revival, pero con nuevos contenidos ideológicos. Es lo que llaman el neocooperativismo del siglo XXI, ligado a los movimientos antiglobalización, la preocupación por el cuidado del medio ambiente y  la alimentación sana. 
La Canasta no esconde esta impronta y ellos mismos lo declaran. Al preguntarles qué son y cómo se definen, Antonia Izquierdo, agrónoma y miembro del Comité Organizador, responde rotunda: “ Más que una forma de consumo, se trata de una ideología asociada. Dos son los principios que inspiran a esta cooperativa de consumo agroecológica: el comer sano y el hacer el “circuito corto”. Esto último significa evitar al máximo los intermediarios, comprar directo al pequeño productor más cercano”. Se definen, además, como abiertamente  “antiretail” (todos asienten cuando se les pregunta si es ése el común denominador que los une).  Jossie Escárate, economista y otra de las gestoras , da una respuesta instantánea al  porqué de esta postura:  “Porque el retail lo único que favorece es un proceso de acumulación de capital y de ingresos que hace que este país sea cada vez más desigual. Crece la economía, crece la desigualdad. Eso aparte de que las cosas son efectivamente de de mala calidad. Las frutas y verduras del supermercado son pésimas, casi incomibles (siempre son más bonitas las de la feria). La ropa también es penca. La gente trabaja en malas condiciones. Es un sistema abusivo y concentrador a morir!
Pablo Santander, uno de los fundadores, interviene a la distancia: “En esta época decolusiones de los supermercados, de las farmacias, de los pollos, las cooperativas son una respuesta ética. La Canasta surge con un ideario que se opone por principio a lo colusivo. Por eso nuestro interés primario es el trato directo con el productor, y el que no exista intermediario. Nos interesa una económica de precios justos para el productor y para el consumidor, que permita el desarrollo y el bienestar de ambos. Fomentamos la dinámica de cooperación entre los productores, y que los socios colaboremos en el proceso de entrega solidariamente. El ideario de cooperativa es en sí solidario y democrático”.

No todo es color de rosa
Suena super bien, sin embargo la cosa no es tan fácil como parece. Por el contrario,  cuesta muchísimo afianzar un sistema cooperativo y el caso de La Canasta es el ejemplo más claro. Sus organizadores han debido enfrentar dificultades enormes durante estos primeros cuatro años de vida, para poder sobrevivir y mantenerse sobre la línea de flotación.
la_canasta.jpgLa primera de ellas es la barrera mental. Carlos Ravanal, Ingeniero Forestal y precursor del proyecto, lo explica clarísimo. “Lo que más cuesta es cambiar la cabeza del consumidor.  Esa lógica mental de que como estoy pagando, tengo derecho a exigir un buen servicio. Ese ha sido nuestro mayor dolor“.
Sí -acota Jossie-: lo más difícil es salirse de esta lógica de la inmediatez en la que yo no me hago responsable de nada. Si yo pago el otro es totalmente responsable. Es difícil cambiar ese concepto en las cabezas de los consumidores.”
Por ello -continúa María Elena Anguita, socia fundadora y administradora de la organización-tuvimos que buscar maneras flexibles de sobrevivir ; abrirnos a la idea de vender a los no socios, de funcionar también como una suerte de feria, donde la gente pudiera comprar instantáneamente, sin hacer pedidos previos. De hecho tenernos tres listas de precios diferentes según el estatus del socio. Los socios que se planifican y hacen sus pedidos a tiempo por internet; los socios que no se planifican y llegan a comprar de lo que quedó (los rastrojeros) y los no socios: aquellos que van a vitrinear, gente que va pasand oy  se tienta con un pedazo de queso, se entusiasma y se lleva un par de cosas más, porque en su cabeza tienen todo un rollo entusiasta con la comida sana.” Estos últimos pagan más caro y representan actualmente, según sus propias cifras, casi un tercio de los ingresos totales.
Pero a la barrera mental se le suma otra no menor, de orden cultural. Al consumidor chileno le  gusta  ver, tocar, oler la fruta que  está comprando   “Esto de comprar a ciegas, de no ver lo que estás comprando, que es muy  importante para el caso de la fruta y verdura, es riesgoso y más con proveedores que a veces entregan productos de mala calidad, cebollines que parecen ciboulette y cosas así” , admite Jossie.
En efecto, el tema de la calidad es uno de los peores fantasmas que ronda al rubro de las vegetales orgánicas. Como bien explica Anguita: “ Existe la idea de que estos son chicos, feos y caros. Entonces -por eso mismo- no todos los proveedores cuidan la calidad. Por lo general se trata de emprendedores que arrastran la pesada carga de  tener que vender y venderlo todo. Por eso  sacan los productos a destiempo, pues saben que los venderán igual . Ahí está la raíz del problema de la calidad: los productores son todavía desprolijos, no tienen visión al largo plazo para darse cuenta que si nos entregan buenos productos les compraremos más y mejor.Cuesta armar grupo de proveedores estables y que te den confianza”.
Pero  las dificultades no acaban aquí, pues no se trata solo no ver lo que se está comprando y el que “no haya nadie que te atienda”, sino que además los pedidos deben hacerse por internet y con casi una semana de antelación. Eso significa que además hay que planificarse, ejercicio al cual el chileno no está acostumbrado. “Hay mucha resistencia de la gente a hacer pedidos por la web ; no les gusta, no quieren. Prefieren llegar a rastrojear, comprar en el momento lo que hay, lo que puedan ver”,  señala rotundo Ravanal. “Con los no perecibles no hay problema, en eso hemos podido estabilizarnos. La variable crítica son los productos frescos, que representan el mayor porcentaje de compra de la Cooperativa”.
cajon_tomates.jpgDe esta suerte, en estos momentos La Canasta vive una preocupante paradoja. Lo más difícil para ellos no es captar nuevos socios, sino hacer que quienes se inscriban efectivamente participen. De los 163 inscritos, solo están activos unos 45, es decir, menos de un tercio. “Al resto se los traga la máquina, desaparecen, vuelven a aparecer dos años después. Otros se inscriben no aparecen nunca más”, cuenta con desazón Mena, la administradora. Y Jossie Escárate retoma:
Ha habido una paradoja en ese sentido. Pensábamos que lo más difícil es que la gente se hiciera socia, porque había que pagar para entrar, es un trámite, un cacho, resulta casi inhibitorio. Pero sucede que hay un montón de gente que se inscribe, paga su cuota, pero no hace sus pedidos.  Hay más bien una postura ideológica que hace que la gente se inscriba como socia de una cooperativa y esté dispuesta a pagar sus cuotas. Esta es gente que va desde aquellos interesados en promover espacios de alimentación saludable y seguridad alimentaria, hasta gente que tiene que ver no solo con el consumo de productos orgánicos sino con generar nuevas maneras de consumir que no sea a través del retail, el supermercado. Hay un componente importante de gente que suscribe a esta política pero en el día a día, en su vida cotidiana, como que le queda grande. No es fácil perseverar en una actitud de un nuevo modo de comprar.  Pareciera entonces que el consumir consciente es más una aspiración, una asunto de ideología que una práctica instalada. Por eso es que los socios deben hacer el aprendizaje de que el consumo consciente implica un esfuerzo, es un trabajo que hacer. Hay que romper con la lógica del “yo pago tú me atiendes”.
Pero, están concientes, es difícil cambiar este modelo: “ Está como en el ADN.  Hay costos a pagar por comprar de otra manera. Tienes que acostumbrar al cuerpo a ingresar a la web, a  servirse el aceite. Todo se vuelve más complejo.  Cambiar las prácticas de compra es lo que cuesta”.
Sin embargo, pese a todo, a las barreras mentales, culturales, tecnológicas, allí están, cada sábado, las cajas listas con los pedidos , los socios haciendo sus turnos desde temprano, los proveedores llegando, la verdura frescas llegando a cada mesa. Es como una lección de perseverancia, de voluntad, de demostrar que sí se puede hacer algo, abrir espacios, aunque sean pocos, aunque sea lento, aunque sea difícil.
En la medida que uno pueda zafar un poquito de eso (del retail), dentro de lo que se puede, pues no vivimos de ermitaños. Pero hay espacios y para que esos espacios estén debes trabajar tú. Sí somos heroicos pero nosotros no nos sentimos derrotados, no estamos desesperanzados. Creemos que nuestro foco tiene valor, pero a veces las cosas se toman su tiempo, hay un proceso Es muy difícil cumplir eso de no comprar en supermercado, pero cada vez va siendo más posible, vamos avanzando.”, sentencia finalmente Jossie Escárate. Y todos asienten entusiasmados.

Recuadro 1. ¿Cómo participar?
Para hacerse socio de La Canasta hay que ponerse con  una cuota inicial de de $ 40.000. Este dinero va a un fondo común que se utiliza para poder funcionar cada semana: bolsas de papel, transporte, arriendo de bodega, carteles, impresos, logística en general. Si no hay dinero para esta cuota puede trocarse por turnos de trabajo. La idea es que ninguna familia se quede fuera por falta de liquidez.
Además, cada socio debe estar dispuesto a trabajar para la autogestión de la organización, cumpliendo un sistema de turnos. Estos implican recibir a los proveedores, pesar, cortar, preparar los pedidos del resto de los socios o estar a cargo de la caja. Esta es -según el Comité Organizador, la única manera de entender, de tomar compromiso, de sentir que “el boliche es tuyo”, de ti depende. “Aquí no hay nadie que “te atienda”, nos autoatendemos todos unos a otros.” La responsabilidad en el éxito de la gestión recae en todos los socios, no hay un jefe. O sea, el polo opuesto del sistema  tipo “El cliente tiene siempre la razón”.
La Canasta se autogestiona. Existe un Comité Organizador que se encarga del día a día y para las decisiones importantes convocan a la Asamblea de Socios. Actualmente el Comité está conformado por  Antonia Izquierdo, Carlos Ravanal, Cecilia Vergara, Jossie Escárate, Katty Contreras, María Elena Anguita, Pablo Santander, Paloma Reyes,  Sergio Witto y Susana Sousa.
Horario de Funcionamiento: miércoles, 11 a 14 horas; sábados, 9.30 a 15 horas.
www.lacanasta.org
mena.anguita@gmail.com

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