Santa Fe: por una nueva Ley de Agrotóxicos...por una ley de agroecología

Basta de agrotóxicos, fertilizantes químicos y transgénicos.

Es la hora de la agroecología, la producción orgánica y la soberanía productiva y alimentaria.

lunes, 6 de julio de 2015

Alerta en Alvear por fumigaciones ilegales

Alerta en Alvear por fumigaciones ilegales

Escrito por  Diego Stabile (Colaboración)
Alerta en Alvear por fumigaciones ilegales
Los vecinos de Alvear denuncian fumigaciones ilegales que afectan la salud de los chicos que van a 2 escuelas de esa localidad. “Fumigan con agrotóxicos en el horario que los chicos están en clase” denuncian los vecinos.
Suena la campana del recreo, momento para salir al patio de la escuela de educación primaria N° 6038 “Gendarme Argentino”, de la comuna de Alvear. Algunos chicos juegan a la pelota y otros descansan en los bancos de madera, a la sombra de los árboles. A unos metros de ellos está el alambrado que delimita el terreno de la escuela con la plantación de soja que la rodea. Alvear es una población de unos 3.000 habitantes, ubicada a escasos diez minutos de Rosario, hacia el sur. Sandra camina por la calle principal del pueblo. De un brazo lleva colgado el bolso de los mandados. Con el otro abraza a su hija. De repente, el viento las envuelve. Agustina frunce la nariz, mira a su mamá y sentencia: “Hay olor a agroqumicos”.
En Alvear funcionan dos escuelas: la primaria Nº 6038 Gendarme Argentino; y la secundaria N° 8187 Comercial Alvear. Entre ambas suman unos 600 alumnos. Y, si bien funcionan en edificios separados, tienen un denominador común: las dos están rodeadas de campos sembrados que son fumigados regularmente con plaguicidas y otros venenos. “Nos fumigan incluso en horario escolar, con los chicos adentro, con químicos que están prohibidos en todos lados como el glifosato”, contó Andrea Druetta, maestra de la escuela primaria, ubicada en calle Belgrano 1919.
Además de ser docente en esa escuela del pueblo, Andrea es vecina de Alvear. Vive con sus dos chicos y su madre en una casa que, al fondo, linda con una plantación de soja que de tanto es tanto es fumigada. El primer llamado de alerta lo tuvo hace más de dos años, cuando su propio perro empezó a vomitar sangre y falleció. Misma suerte corrieron otras mascotas que cuidaba con sus hijos.
Según conto la docente, un día ellas y sus hijos de 14 y 11 años se encontraban en el patio de su casa y fueron fumigados, los chicos nadaban en la pileta. A 20 metros de su casa se encuentra un campo con soja. Su sobrina de 15 años hace muy poco fue al médico por “un huevo” y “nódulos extraños” en su espalda.
Andrea terminó de tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo mientras daba clases. Cada vez que se intensificaba la aplicación de los fitosanitarios sobre el campo, eran más los estudiantes que empezaban a tener problemas asmáticos y gástricos, problemas de musculatura, parálisis o alergias crónicas. Detallo que incluso se registraron casos de chicos con leucemia. “Hubo chicos que se desmayaron adentro del aula”, recordó.
Foto: Julieta Garcia
El peligro para los jóvenes que van a la escuela en Alvear no solo está en el aire que respiran sino también en el agua que beben. Junto a un grupo de topógrafos, los vecinos tomaron muestras de agua de las napas subterráneas. “Hay altos grados de contaminación en el agua”, nos cuenta Andrea por lo cual no beben agua de la canilla. Muchos de los chicos van a tomar la merienda. Debido a las denuncias realizadas, la escuela empezó a comprar bidones de agua mineral. Pero hace un tiempo “llegó la orden de economizar” y ahora la leche en polvo de los chicos es preparada con agua de la canilla, relata la docente.
Según una investigación solicitada por la Defensoría del Pueblo al Ministerio de Salud de Santa Fe, fueron encuestados en su domicilio 351 personas mayores de edad, de las cuales “el 60 por ciento afirma estar expuesto a fitosanitarios de manera no profesional”. Este informe, realizado en 2013 por la Sala de Situación de Salud concluyo que “si bien los casos de eventos irritativos y respiratorios se distribuyen de manera homogénea entre varones y mujeres de todas las edades, presentan mayor frecuencia en menores de 14 años”.

Julio Acosta tiene 60 años y fue árbitro de futbol. Hace una década que vive en Alvear con sus dos hijos y su mujer, Sandra de 45 años de edad. Como cualquier padre de familia, lo que más le preocupa es el futuro de sus hijos. 
Sufre diabetes con estado nervioso, y descompensación de vías urinarias. Estuvo al borde del coma. Cuando se pone nervioso, la vista se le nubla. “A mi marido se le hizo una telita en la córnea, eso hay que sacarlo, se te irrita el ojo y no ves”, cuenta Sandra. El lindano es un químico extremadamente tóxico. El máximo tolerable de lindano en sangre es 0,4%. Julio lleva en su sangre 2,5%.
El matrimonio sostiene que, a la hora de fumigar, los propietarios de los campos no tienen en cuenta el sentido del viento y los plaguicidas “entran por las ventanas”.
Foto: Julieta Garcia
En 2013, la Comuna de Alvear determinó en la Ordenanza Nº189 “una zona de seguridad de 200 metros en la cual se prohíbe la aplicación de productos fitosanitarios de cualquier tipo y por cualquier medio”. El Gobierno de Santa fe dispuso una brecha de 500 metros. Alvear prohibió “la circulación de maquinarias agrícolas utilizadas para la fumigación dentro del casco urbano”, los vecinos afirman que es normal verlas pasar por las puertas de las casas y que ninguna de las dos normas se cumplen.
Sin embargo, las escuelas de Alvear no son las únicas que conviven con esta situación. Hay otras instituciones educativas santafesinas que cuyos docentes, vecinos y padres de chicos que van a escuelas rurales presentaron denuncias similares en el Centro de Protección a la Naturaleza (CEPRONAT), una asociación civil sin fines de lucro. Son más de 700/800 escuelas rurales repartidas a lo largo y a lo ancho de todo el territorio provincial.
En 2012, vecinos de Alvear presentaron más de 200 firmas a la Defensoría del Pueblo pidiendo por un “amparo ambiental” y “que no se fumigue”. Acompañados por abogados ambientalistas, médicos de Córdoba y de la Universidad de la Plata presentaron pruebas en el Concejo rosarino, en el Ministerio de Educación de la Nación y en Tribunales Federales de Rosario. La última denuncia fue realizada el 27 de febrero de 2015, en busca de que se cumpla con las leyes provinciales existentes.

Normas sin control

En 2010, el gobierno provincial elevó a la Legislatura el proyecto de modificación de la ley que regula el uso de fitosanitarios, la ley 11.273. Pero al no ser tratada perdió estado parlamentario. En 2014, la Comisión de Agricultura de la Cámara Baja le dio dictamen de mayoría al proyecto de modificación de la ley impulsado por el diputado Jorge Tessa (Nuevo Encuentro) acompañado por la diputada Gazcue (Nuevo Encuentro) , diputada Aeberhard (Bloque por la Justicia Social) diputado Toniolli (Bloque Movimiento Evita), entre otros.
Esta nueva ley prohibe las fumigaciones aéreas en todo el territorio provincial, para el caso de aplicaciones terrestres dispone un resguardo de 800 metros de la población y 1000 metros para las escuelas rurales, regulariza la compra y venta de los agroquímicos. A su vez propone que se hagan producciones orgánicas y agroecológicas en esos 800 metros donde no se podrá fumigar. El pasado jueves 7 de mayo, se volvió a presentar la ley bajo el Nº 30056/15 con modificaciones de la Cámara de Medio Ambiente. El proyecto ya fue tratado por la comisiones de Agricultura, Medio Ambiente y Presupuesto, restándole únicamente la comisión de Constitucionales para convertirse en ley.
En abril pasado, el Ministerio de la Producción de la provincia prohibió la aplicación en todo el territorio provincial del herbicida 2-4D, componente químico del “agente naranja” (resolución 135/15). El agente naranja fue utilizado por EEUU como un arma química en la guerra de Vietnam y las secuelas del daño que provoca duran hasta cuatro generaciones. Este, es el segundo herbicida más usado por el campo argentino. A pesar de las buenas intenciones, constatan que “al otro día” que tomo estado público la resolución, fueron testigos de fumigaciones nocturnas: “Ahora que están más vigilados, lo hacen de noche”. Es por esto que no confían en que se vaya a respetar la flamante legislación: “desgraciadamente, por más leyes que haya, el señor Presidente Comunal Carlos Pighin no hace cumplir nada y hace oídos sordos”, cerraron los vecinos.
Foto: Julieta Garcia

Hojas secas, vidas contaminadas

Según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el secado de la soja es “un costo importante” para los productores. Los agrotóxicos son aplicados sobre los campos con el fin de disminuir el tiempo entre una y otra cosecha, evitar las plagas o malezas y secar la hoja de soja. Mayor producción, menor costo. Para secar, se fumiga con agente naranja, un veneno prohibido en el mundo entero y el cual hoy los vecinos de Alvear llevan en sangre.
“El uso de agroquímicos permite hoy que el campo argentino contribuya al crecimiento de nuestro país y su PBI”, enfatizaron en un comunicado de 2009 tanto la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) como la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA), quienes entre ambas representan a más de 40 empresas nacionales y extranjeras, basándose en la Resolución 350/99 del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y el silencio que hasta hace muy poco mantuvo sobre este tema la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hoy, la máxima autoridad mundial de salud declaro que el herbicida glifosato y otros insecticidas han sido clasificados como “probablemente cancerígenos para los humanos”.

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